¿No se trataba de generosidad?

¿A qué asociáis esta imagen?

¿A qué asociáis esta imagen?

Llevo encasquillada en la recámara una reflexión desde hace unos meses (igual llego desfasada). Y aprovecho también para traer este caso y volver al germen de este blog (espero estar a tiempo). Dos pájaros de un tiro.

Coordinador de trasplantes que, tras sufrir durante meses el ajuste presupuestario, llega con una proposición.

-Queremos hacer una jornada muy participativa, con muchas personas y necesitamos hacer camisetas.

-Sabes que lo primero que ha caído ha sido el merchandising.

-Pero tengo la solución: un banco nos las patrocina.

Estuvimos valorando durante un tiempo la oportunidad o no de que un banco patrocinara unas camisetas que iban a servir para un flashmob con motivo del Día del Donante de Órganos. Al final fue que no; entendimos que no era bueno mezclar el concepto de la generosidad que posibilita todo el proceso del trasplante con la marca de una entidad bancaria, que representa lo pecuniario, lo monetario, lo crematístico. No, perdón, no era que no fuera bueno sino que era contraproducente.

La comunicación no es sólo lo que se cuenta, lo que se escribe, sino que tiene mucho de lo que parece que no está pero está y afecta al mensaje. Se basa en marcos mentales, en ideas que terminan condicionando lo que decimos y modificando las decisiones y percepciones. Que en la imagen que iba a recibir la sociedad de un acto de promoción de la donación de órganos apareciera el nombre de un banco nos parecía lo más alejado a la idea que queríamos transmitir; y que iba a terminar perjudicando el mensaje.

He recordado esta anécdota cuando hace poco pude ver al director de la Organización Nacional de Trasplantes como parte de un anuncio de un banco. La palabra solidaridad asociada a un banco es antagonismo puro. Es una trampa a la que no sé cómo se han prestado. La imagen de uno de los sistemas más valorados por la sociedad ligada a un banco es perversión. Y no sé cómo se han prestado.

Y sin contar con la utilización tan llamativa del “mi” y la personificación en una red como la de los trasplantes en la que lo que realmente importa es cómo se compromete y trabaja cada uno de los profesionales de cada uno de los centros hospitalarios. El éxito del modelo de trasplantes de España es el “NOS”, el trabajo en equipo, el engranaje perfectamente engrasado. Y la generosidad. Y el compromiso. ¿Ven algo de estos valores en un banco? ¿O en ese “mi”?

Me ha vuelto esta idea a la mente hace apenas unas semanas, cuando el protagonista de esta imagen (que se ha replicado en todas las oficinas bancarias de España) anunció públicamente que había desmontado un caso de venta de órganos y defendió a capa y espada el carácter altruista del modelo y que nunca se permitirá el intercambio monetario en este proceso. ¡Vaya, intercambio monetario…! ¡Vaya, transacción interesada…! ¡Vaya, 40.000 euros…! Conceptos, todos, contrarios a la ONT y que validó ese mismo señor al aparecer como imagen de un banco. No sé cómo se ha prestado.

Lo inesperado

Aquí, algunas de las cosas que puede hace Siri en mi móvil

Aquí, algunas de las cosas que puede hace Siri en mi móvil

Sorteaba la vida y aprendía la profesión arrinconada en un ordenador burocratizando planillos y cerrando páginas en un veterano periódico local, en una sección olvidada a la que nadie quería llegar. Me enfrenté al oficio al que amaba conociendo la mediocridad de los jefes que vuelcan en sus subordinados las miserias y las venganzas, la de los compañeros que miraban a otro lado; pero también la grandeza, la rigurosidad y el compañerismo de quienes compartían conmigo los peores momentos y los mejores, quienes alimentaban mis ganas y mi inquietud dándome temas con los que ir desanquilosándome, dándome aire entre tanta asfixia. Con ellos compartí también copas y madrugadas, y reflexiones, y la importancia de la gente, y de la calle. Lo que también es periodismo. O lo que sobre todo es periodismo.

Y cambié de tercio. Ni lo había planeado, ni lo tenía pensado. Ni siquiera me lo pensé. Llegó, me subí. Fue un enorme regalo de cumpleaños que me vino envuelto sin mas: la promesa de aprender en un mundo fascinante, de poder sorprenderme a diario y de conocer a gente maravillosa. Si los escarceos que había tenido antes eran más con lo local y con lo cultural, desde aquel 23 de mayo de 2005 me sumergí sin pensármelo en el mundo de la salud, tan desconocido, tan fascinante, tan prometedor. Con paciencia y fascinación fui aprendiendo, empapándome de todos los profesionales que me arroparon en mi camino, de toda la sabiduría de una casa (institución) maravillosa. Comencé a conocer y valorar desde las mismas entrañas el valor de lo público y el privilegio de formar parte de ello.

Y como última pieza de una sorpresiva cadena (el inicio fue el nombramiento de un ministro) terminé comprometiéndome a otros niveles con lo público, con la casa, con las gentes. No iba a ser capaz, lo tenía claro. No entendía por qué era yo. Pero era sólo por nueve meses, sólo eso, y después volvería a la normalidad. Seis años más tarde y aún con la columna del debe llena de retos a los que no he llegado, de cosas que no he conseguido hacer, de no ser todo lo buena jefa que me hubiera gustado y sin entender aún por qué fui yo, miro hacia atrás y sólo soy capaz de sentir agradecimiento por todo lo que aprendido, por toda las personas de las que lo he hecho, por seguir empapándome de compromiso, integridad, vocación pública, pasión por las personas, por el trabajo, por el día a día. Me asombra comprobar el poso tan grande de conocimiento y de madurez que todos estos años me ha dejado. Me asombra comprobar que me ilusionaba cada nueva cosa que aprendía. Me asombra comprobar lo que he disfrutado a pesar de lo duro que ha sido el camino.

Sin esperarlo, una vez más, tocó cambiar de rumbo, dejando atrás una etapa tan feliz. Sin esperarlo, una vez más, ha pasado ya medio año aprendiendo de nuevo, desde cero, con humildad y la misma sensación de entonces: no voy a ser capaz. Sin esperarlo, una vez más, la vida me brinda la oportunidad de seguir empapándome, de conocer a nuevas personas, hasta de frustrarme. Probablemente nunca haya decidido por mi misma salir de la zona de confort, aquella que haya sido en cada uno de los momentos. Y no sé si eso es bueno o no. Nada ha sido premeditado, siempre ha sido inesperado, y me he sumado a los retos con más osadía que otra cosa.

Han pasado seis meses de estudio duro, de adaptación, de aprendizaje. Y aún no ha acabado porque sigo sintiéndome incapaz. El mundo es otro, las palabras son otras, los conceptos son otros pero sigue tratándose de la vocación pública y del compromiso con las personas.Quién sabe cuánto más de inesperado me espera a la vuelta de las esquinas y hacia dónde me llevarán.

P.D: Siento si he tenido esto un poco abandonado pero lo inesperado tiene esas cosas. También estas cosas.

No tan impunes

Pintura de Aurelio Díaz Trillo que tengo en el salón de casa

Pintura de Aurelio Díaz Trillo que tengo en el salón de casa

Profesional sanitario que acude a alguna actividad formativa sobre comunicación y que cuando se le explica la labor del Gabinete de Comunicación termina preguntando:

- ¿Y por qué no nos defendéis de tantos ataques en los medios de comunicación?

No es la primera vez que las personas de la organización achacan a quienes gestionamos con la prensa e incluso a los directivos que no se sienten defendidos de los ataques que entienden que reciben por parte de los medios de comunicación. Creen, y probablemente tengan razón, que deberíamos dar los argumentos a los periodistas siempre que se dé una denuncia que les afecte a su profesionalidad o a su labor en la institución. Y lo hacemos, en la mayoría de las ocasiones pero no siempre aparece como nos gustaría. O ni tan siquiera aparece.

En estos casos, y con el objetivo de que se entienda de que no todo lo que se cuenta se publica ni tendría por qué, sólo nos queda explicarles de alguna manera la dinámica de los medios de comunicación y en qué consiste el criterio periodístico (que defenderé a ultranza), aunque también, por qué no, algunas dinámicas asentadas últimamente como pedir respuesta a las ocho de la tarde sistemáticamente, cuando está toda la pieza escrita; o ni siquiera preguntar. En ocasiones, intentamos responder al día siguiente y, normalmente, el espacio que se dedica a la respuesta es mucho más pequeño que el que se llevó la denuncia y por ello intentamos explicar, también, cómo se configuran los espacios en los medios y lo que afecta que haya mucha actualidad ese día o no. Y contamos el último recurso que nos suele quedar, que son las cartas al director. Probablemente no ayude tanta pedagogía porque lo que quieren es que la organización les ampare, porque se sienten indefensos, pero como es algo que no siempre está en nuestras manos, intentamos hacérselo llegar. Por nosotros no es.

Pero héte aquí que hay más opciones al alcance de todos aquellos que se sientan agraviado en alguna información. La FAPE tiene una Comisión de Arbitraje, Quejas y deontología que analiza las distintas denuncias y emite resoluciones sobre la manera de trabajar de quienes nos dedicamos a esto. Aquí os dejo la que emitió hace poco a raíz de una denuncia de un profesional del Servicio de Urgencias del Hospital Torrecárdenas de Almería a raíz de esta columna.

Aquí tenéis la noticia en el boletín de la APM, también, por si os sirve.

Agonía

Gotero

Prácticamente llevo el mismo tiempo fuera que el que estuve dentro. Prácticamente. Podría decirse que ya ha pasado mucho tiempo, he pasado página, y muchos de los que dejé como parte de un paisaje agridulce ya ni están. Si, las últimas veces que he ido a mi antigua casa apenas me han sonado unas caras. Apenas.

Escruto nombres en una lista macabra y no siento más alivio por aquellos con los que no compartí teclados, ni cigarros encadenados, ni inquietudes, ni cierres entrada la noche. Pero algunos de los que están ahí forman parte de mi vida, de mi memoria y de mis vivencias. Puede que suspire aliviada por las ausencias pero eso me hace sentirme ruin. Y no deja de ser curioso. Ruin, yo, que asisto con impotencia a esta sangría y no quienes las propician desgranando años de experiencia, desmontando veteranía, borrando memoria, obviando talento, des-descontanto horas regaladas.

No, no sólo es cuestión de nombres, que también. Los amigos son los amigos y se mezcla el desahogo de saberles a salvo con la desolación de imaginar por lo que están pasando. Tu mundo de contradicciones se hace abismal cuando se abre la caja de pandora de los sentimientos y cuando afianzas la certeza de que tu mundo se viene abajo.

Porque, aunque me fui porque muchos no me querían -ni siquiera esa casa que me duele hoy- parte de lo que soy lo debo a aquella y parte de lo que sé a muchos de los que andan luchando y dejándose la piel por los que quedan y los que deberían quedar. Hay vínculos indisolubles y mi despertar como mujer trabajadora y mis primeros años como periodista fue a los pechos de una señora respetada, que presumía de veteranía, de ser la decana del panorama, que respiraba tinta y olía a papel. Hoy veo que agoniza y no puedo más que dolerme. No por la empresa en sí, válgame Dios, no; sino por lo que ha significado para tantos y tantos compañeros que han contribuido con su trabajo y sus horas a deshora a cerca de siglo y medio de vida local.

Probablemente pensaréis que tuve suerte por irme, porque hubiera quienes confiaron en mi cuando mi confianza era insignificante y mi vocación iba cogiendo las de villadiego (y mi agradecimiento a ellos es infinito). Igual debería tener más desapego por todos los que intentaron minar mi día a día y todos los que miraban a otro lado mientras esto ocurría, incluida la empresa. Pero ahí se quedó mucho mío, ahí dejé a grandes amigos y compañeros, además de un buen puñado de sueños.

Esta sangría es injusta. El futuro que nos queda es desconcertante. Periodismo, rigor, compromiso, son palabras que se desdibujan ante la tenacidad borradora de empresas sin alma. Ya son 5.000 los que han quedado por el camino. No por ser anónimos son menos dolorosos pero cuando forman parte de tu vida o han formado parte de ella ya es desgarrador. Hoy escribo por Diario de Cádiz porque ha sido mi casa un buen puñado de años, pero es extensible mi ira, mi desolación a todos y cada uno de los compañeros, a todos y cada uno de los EREs, a todos y cada uno de los sueños de periodistas que ven sesgada su vocación como antes vieron dificultada su tarea.

Periodismo en vacaciones

Justo ayer. Hablaba con un amigo sobre un intento de ligar conmigo (de un tercero) y de lo poco original que había sido y me preguntó:

- ¿Y cómo tendría que haberte entrado?

No tengo mucha idea de cómo tendría que haberlo hecho (el desentrenamiento tiene estos efectos) pero sí que estoy segura de cómo no… Y era justo así…

Eso mismo me pasa con el periodismo, en una época de tanta incertidumbre, de tanta indefinición, en un momento crucial en el que tiene que redefinirse o morir: no estoy segura de cómo ha de ser y de qué manera influye toda esta vorágine que se lo está zampando, pero sí que tengo claro cómo no ha de ser. Periodismo no es vender morbo gratuitamente. Periodismo no es obviar lo que está pasando por el interés propio. Periodismo no es saltarse normas y leyes. Periodismo no es cortar y pegar noticias enlatadas. Periodismo no es seguir la dinámica de la no-noticia (el periodismo se nutre de hechos y ¿una declaración lo es?).

Llevo unas vacaciones dicotómicas y contradictorias (no podría ser de otra manera, vivo en una contradicción constante). Me he propuesto desconectar en serio y eso sólo puedo conseguirlo despegándome de mi realidad diaria: de la lectura de mis seis periódicos, de la escucha de mis matinales de radio, de los informativos de televisión; pero, en cambio, son las vacaciones en las que más me he empapado de periodismo: en mis lecturas, en mis películas re-vistas, en mis conversaciones (los periodistas somos seres endogámicos que nos rodeamos de periodistas y hasta nos emparejamos para no dejar de hablar de nuestra pasión)… Pero la tromba de periodismo, con mayúsculas y a granel, me ha llegado de la mano de The Newsroom, una serie sobre una redacción de un informativo nocturno de televisión y sobre todo lo que es y no es periodismo. Y llega a España en septiembre.

The Newsroom habla del periodismo que todos soñábamos hacer cuando nos adentrábamos en esto. Y casi podríamos catalogarla como una serie de ciencia-ficción si comparamos con la realidad. Aborda el rigor, el trabajo duro, la adrenalina, la emoción de contar historias, la responsabilidad de saber la trascendencia de tu trabajo, cuando hay personas que vertebran a partir de ahí su opinión. Es el periodismo que me enamoró y que me llevó (cuando tenía la pinta de la chica de arriba de la foto – becaria de Diario de Cádiz) a perseguir mi vocación y mi sueño. Vale que era consciente de que no saldría de lo local, de lo regional, si me apuran, pero el periodismo es periodismo sin necesidad de ejercerlo en un informativo de prime time.

Hoy el periodismo está en la UVI. Hoy nos hemos olvidado de qué era aquello de coger un teléfono. Hoy olvidamos las verdaderas historias. Hoy no hacemos periodismo. Y como llegará un momento en que esto reventará y tendremos que reinventarnos, os he ido dejando enlaces por esta entrada que son para mi como las piedras de Hansel y Gretel, que me sirven para recordar el camino de vuelta a la esencia de lo que esto es. Y no deja de ser fácil. Nos lo cuenta Kapuscinski: “Siempre el principal reto para un periodista está en lograr la excelencia en su calidad profesional y su contenido ético. Cambiaron los medios de coleccionar información y de averiguar, de transmitir y de comunicar, pero el meollo de nuestra profesión sigue siendo el mismo: la lucha y el esfuerzo por una buena calidad profesional y un alto contenido ético. El periodista tiene el mismo objeto que siempre: informar. Hacer bien su trabajo para que el lector pueda entender el mundo que lo rodea, para enterarlo, para enseñarle, para educarlo” (Los cinco sentidos del periodista).

Parece fácil ¿verdad? Pues nada más alejado de la realidad. Y ahora os dejo siete maravillosos minutos de periodismo. Siete. En vena. Para que entendáis a lo que me refiero. Y con Coldplay de banda sonora. “Es una persona. Y es un médico quien determina su muerte, no las noticias”. Que la coherencia de Don suene a ciencia ficción…

Esa mama es mía

Mujer, de unos 50 años que acude a los tribunales reivindicando su derecho a la intimidad y a la propia imagen dado que entiende que se le ha conculcado en una imagen aparecida en un medio de comunicación.

La fotografía en cuestión era una mama -sólo y exclusivamente una mama- prensada en el proceso de realización de una mamografía. No aparecía el rostro ni había ningún elemento que identificara a la dueña. Pero esta señora sostuvo en los tribunales que esa mama era suya.

Esta situación ocurrió y sirve de recurso para hacer entender a los compañeros de qué hablamos cuando hablamos de derecho a la intimidad y a la propia imagen de nuestros pacientes. Y por qué de nuestro celo. Porque la institución, y quienes trabajamos en ella, somos responsables de salvaguardar a estas personas que cada día transitan por nuestros centros sanitarios y no podemos bajar la guardia por inocente que parezca la situación.

Ahora es fácil entrar en los centros y hacer fotos de las distintas estampas, no hace falta más que un móvil. Es sencillo recoger cómo unas urgencias tienen una mayor afluencia o están desbordadas pero cada una de las personas que aparecen en esa imagen tiene una historia, una familia, una circunstancia y el derecho a decidir si quiere aparecer en esa situación o no. Y hay que tener en cuenta esto en imágenes tan aparentemente indolentes como una sala de espera con personas aguardando a entrar en consulta ¿hay algo más cotidiano? ¿Más neutro?  porque puede ser que el señor que aparece esté ocultando a sus allegados que está ahi, por los motivos que sea, y el hecho de que aparezca en un periódico o en una televisión ayude poco a su intención de mantener esa visita en secreto. O la señora. O la chica. En ocasiones es difícil que se pondere aunque intentamos hacérselo llegar a los compañeros cuando muestran su extrañeza por la necesidad de que todos sepan que están siendo fotografíados o grabados y le requiramos la autorización por escrito. “Si no es más que una sala de espera”

Como siempre me ocurre, nunca sé si nos pasamos o no. Porque ser tan riguroso dificulta mucho el día a día. Pero siempre pienso en las circunstancias de cada una de las personas que pasan por nuestros centros, en la responsabilidad que tiene la institución y en que no todo vale. Y tener firmada la autorización de todos los que salen en los medios de comunicación, incluso de las señoras que no se identifican y aparecen de modelo para ciertas técnicas, es una garantía para no acabar en los juzgados.

No me llames Dolores

Pies de recién nacido

Recién nacida en un hospital público que ha sido gestada tras una selección embrionaria que permitirá que, además de nacer sana, pueda convertirse en la donante ideal para su hermano que padece una grave enfermedad. Todos los medios hablan del segundo bebé medicamento de España, a pesar de que a nadie nos gusta esa expresión.

Este tipo de acontecimientos supone un hecho excepcional en el día a día sanitario –de hecho, sólo se han producido dos en España– de tal manera que se prepara la difusión a la ciudadanía y a los medios de comunicación intentando ser rigurosos y teniendo en cuenta todas las variables: se recoge toda la información con los profesionales, con la que se hará el dossier de prensa; se acuerda con los equipos sanitarios quién va a intervenir en representación de todos y qué mensajes es importante acercar; se recaba posible material audiovisual que pudiera ayudar a la elaboración de la profesión y se explora la posibilidad de que los padres puedan atender a los periodistas en caso de que hubiera interés, explicándole cómo sería y la posible demanda que existiera.

Durante todo este proceso en el que estamos implicadas muchísimas personas hablamos de esta pequeña como de Estrella, sólo Estrella (de la misma manera que si en nuestro departamento hablas de Javier, todos sabemos a quien nos referimos; o María, o Carmen) nunca hablamos del bebé medicamento. Y es un término que nos repatea. El nombre técnico sería DGP HLA idéntico, pero esta expresión es difícilmente entendible por la ciudadanía de manera que lo traducimos en los materiales y en la atención a los medios por un “bebé seleccionado genéticamente para nacer libre de enfermedad y compatible con su hermano”. Todos los intentos porque esta expresión cale son baldíos porque díganme ustedes cómo hacemos para que los medios de comunicación la utilicen para un titular (que no recoge más de diez palabras) o en una pieza de tele o radio que se cuenta por segundos. Yo me quedaría con Estrella, Javier, María o Carmen pero así los lectores/oyentes/telespectadores tampoco sabrían de qué iba. Es un problema de difícil solución, así que seguimos viendo titulares con “bebé medicamento” en la mayoría de las publicaciones. Lo ideal seria que ofreciéramos una alternativa: un termino que fuera grafico y entendible y explicara toda la complejidad del procedimiento pero hemos sido incapaces. Si a alguno se le ocurre, bienvenido sea.

Y por si os interesa, os dejo un documental que vi el sábado en la noche temática con la historia de Javier y Andrés, el primer niño que nació libre de beta talasemia y pudo curar a su hermano de esta enfermedad. Es, sin duda, uno de los momentos profesionales más emocionantes que he vivido. Aún me emociono recordándolo.

La fuente de la vida

Defina normalidad

Maniquí en Alicante. Foto de hada

Llaman de una productora:

-Hola, queremos hacer un reportaje del tipo reality a una joven (menor) que se ha quedado embarazada. Tanto ella como los padres están de acuerdo. Queremos abordarlo desde la normalidad porque la familia lo ha asumido así: ha adecuado la casa para recibir al bebé y ella ha cambiado el horario de clase para poder atenderlo, todo desde la más absoluta normalidad. Tendríamos que acompañarla a alguna consulta y a las clases de preparación al parto.

Cada día recibimos decenas de peticiones para mostrar los distintos aspectos de la sanidad en distintos formatos, bien para informativos, bien para programas de documentales –ya sea como Informe Semanal o Los Reporteros o del tipo Callejeros o Vidas Anónimas– bien para algunos temáticos de medicina que están proliferando –El Cirujano, Cuerpo Médico, Yo, médico. En estos casos sólo somos medias intermediarias, que intentamos organizar todo para facilitar la labor de los medios, buscar profesionales que se expresen bien e intentar interferir lo menos posible en el día a día de los centros. Y por supuesto, velar por intimidad de los pacientes.

En este caso es una menor, y ya he hablado aquí las trabas con las que nos encontramos en estos casos. Pero más allá de lo técnico, de la posibilidad o no de hacerlo y poder disponerlo todo, me pregunto ¿tiene la institución sanitaria prestarse a dar esta imagen de normalidad a algo que me niego a pensar que lo es? ¿Tiene la organización que contribuir a trasladar a otras chavalas, a la sociedad, que no hay mayor problema por que una menor se quede embarazada? Si tenemos que hacer educación para la salud, ¿es ésta una manera de hacerlo? ¿es un prejuicio mío? ¿Vosotros qué opináis?

Donantes galácticos

Cartel expuesto en la entrada del Hospital Virgen Macarena en SevillaJoven residente en el Campo de Gibraltar de 31 años que hace un llamamiento porque asegura necesitar un trasplante de médula. Los medios se vuelcan. Hasta que, finalmente parece que lo recibe. No hay constancia de que una Clínica La Merced de Madrid haga estos procedimientos.

Hace apenas unos días hablaba de determinadas situaciones en las que se apelaba a la generosidad de la gente para conseguir dinero para tratamientos a enfermedades sin solución. Pero hay más maneras de intentar que la ciudadanía responda ante un problema propio de salud y en las que es igualmente importante que los medios de comunicación (que, no olvidemos, son una manera de llegar a la ciudadanía) tengan la información para abordar estas noticias con el mayor rigor posible.

Hoy abordo los llamamientos para la donación de médula que se dan con determinada frecuencia con el consiguiente eco en los medios de comunicación porque vuelven a tocar la fibra sensible de los lectores, oyentes, espectadores, con historias humanas, de desesperanza y lucha. Y como por nosotros no va a quedar, y a pesar de ese marchamo de desalmados que nos vamos fraguando, una vez más echamos mano de la pedagogía para intentar trasladar que este tipo de actos en los que se buscan donantes no sirven para nada y generan movimientos incluso perjudiciales.Los donantes de médula que salen de estas corrientes altruistas no suelen tener consistencia y suelen renunciar a hacerlo cuando se les requiere, sobre todo si se tiene en cuenta que la donación de médula requiere de una intervención algo cruenta. Cuando se explica esto al usuario, acaba rechazando su opción primera.

Explicamos que con 18 millones de donantes en el mundo en la Redmo, a los que ya se han sumado los cordones umbilicales, el trasplante de médula ósea es un procedimiento que está perfectamente articulado gracias a la colaboración de los profesionales. Pero cuesta trabajo que cale esta información cuando la noticia está servida.

Y puede llegar a parecer incluso que estamos en contra de que haya personas que opten a ser donantes de médula ósea. Y nada más lejos de la realidad. Sólo trasladamos que, tal y como se ha demostrado con la experiencia de los profesionales, quienes se acerquen a registrarse como donantes tienen que hacerlo conscientes del compromiso que asumen y con toda la información para tomar esta decisión.

Porque imaginad que alguien quiere hacerse donante cuando recibe el llamamiento en un ámbito que levanta tantas pasiones como el fútbol, cuando se lo pide un ídolo (pongamos un Cristiano Ronaldo con twitter) y cuando está la prensa deportiva de por medio… Pasado el furor y los grandes titulares y momentos, es extraño que el hincha que recibió el imput que le movió el corazón que le hizo acercarse a donar, continúe con la vocación de hacerlo.

E imaginad, en este contexto (ídolos galácticos, el periodismo deportivo, el fervor de las masas y titulares para un equipo de fútbol) cómo de bajo se oía la voz de la institución y de los profesionales que intentaban poner un poco de sensatez. Y con el hándicap de siempre: el que nos impide dar datos clínicos del paciente que diera un poco de luz a la situación que tampoco era como se contaba. ¿Cómo lo veis vosotr@s? ¿Tenemos que seguir intentándolo a pesar de todo? ¿O nos damos por…?

Milagros que no son milagros

Varita mágica de Carmen. La tomé prestada

Chica diagnosticada con una enfermedad rara que hace una colecta para someterse a un tratamiento de dudosa validez en una clínica alemana que fue cerrada por las prácticas que llevaba a cabo. A esta clínica también iba a acudir otro niño de Jerez.

Hay decenas de casos parecidos a éstos, todos los días, en todos los rincones de España; situaciones que hablan de lo importante que es la esperanza en determinadas ocasiones pero también de que hay muchos intereses de por medio, mucha osadía y muchos desalmados. Menuda mezcla.

Y se trata de historias humanas –que tocan a los lectores, los oyentes, telespectadores– porque hablan de personas que luchan, que se desesperan, que no cejan en su intento de buscar una rendija de esperanza en un futuro, la mayor parte de las veces, negro o gris. Y por ello encuentran hueco en las páginas de los periódicos, en los programas de la radio y en televisión. Y se exponen historias y datos clínicos con mayor o menor profusión, que son acogidas con mayor o menor pudor, dependiendo del amarillismo de las secciones.

Así, se apela a la sensibilidad y solidaridad de la ciudadanía y se montan rifas, conciertos, partidos de fútbol; se ponen cuentas para ingresos voluntarios de manera que se recauden fondos que faciliten los costes de esa alternativa.

En la mayoría de las ocasiones, intentar explicar que se trata de tratamientos o terapias no probadas y que suelen ser un timo hace que parezcamos personas desalmadas que no entendemos la tragedia cercana. Lo mismo que ocurre si procuramos hacer ver que están hablando de traslados descabellados a otros países para acceder a opciones que se ofrecen aquí, en casa. Pero estoy convencida de que nos toca, como responsables de comunicación y como institución, hacer esta labor pedagógica que no siempre es bien entendida.

Quizás sea el sempiterno complejo de inferioridad que nos acompaña históricamente (a los españoles y a los andaluces) el que nos hace pensar que opciones terapéuticas en otros países tienen más visos de fiabilidad que si se hacen en el Sistema Nacional de Salud, cuando el nivel de resolución de nuestros centros sanitarios, con la tecnología de la que disponemos y, sobre todo, la excelencia de los profesionales, hace que prácticamente se incorpore toda técnica novedosa que sea validada por la comunidad científica. De tal manera que son excepcionales las soluciones que puedan dar en otros sitios y no en la sanidad pública.

Nos toca explicar que hay procedimientos establecidos y el sistema funciona en red. Así, si para una enfermedad específica existiera una técnica probada que no se ofrece en Andalucía pero sí en otra comunidad, se autoriza la derivación y se corre con los gastos. Al igual que si no se ofrece en España pero sí en otro país. El único requisito: que la técnica cuente con evidencia de que funciona para esa situación; es segura y está probada. Lo que no siempre pasa.

Intentar que familias que luchan por una esperanza y se aferran a una salida entiendan todo esto y alcancen a ver que pueden ser atendidos perfectamente en un centro propio suele ser tarea imposible. Y puede llegar a ser comprensible.

Pero no debería serlo tanto que lo entendieran quienes tienen que hacer llegar a la sociedad la información y quienes desdeñan estos datos en pos de la historia humana. Si no conseguimos que la pedagogía trascienda a los medios probablemente sea porque nosotros no lo sabemos hacer. ¿A vosotros se os ocurre cómo?