Anatomía de un instante

Foto 24-3-15 10 58 19Bajaban atropellados, entre pitos de los coches que se iban formando cola justo atrás. Hacían recuentos de plumas -enormes plumas- y tambores -de todos los tamaños-, con toda la prisa de una mañana de sábado, con todo el entusiasmo de su juventud. Y no era una cofradía del Mardi Gras, ni aquello era Nueva Orleans. Pero era a lo que más se asemejaban esos cincuenta chavales que portaban grandes plumas y tambores bloqueando el tráfico.

Entre calabacines y legumbres, una gaita tapaba el bullicio y atenuaba las ventas del mercadillo ecológico. Sus notas tenían algo de rústico que casaban bien con los puestos y la mercancía, con la vida que conlleva comerciar cuando se hace con los preceptos de siempre, ofreciendo lo mejor de cada tierra. Al final era todo primario: los trámites y la música, y el deleite de compartir a la vez las dos experiencias, que resultaron ser complementarias sin proponerlo.

Un viejo rolls pasaba por donde apenas un segundo antes un autobús bloqueaba la circulación. Dentro viajaban todas las ilusiones, igual caducas, igual con fecha de caducidad, que visten de tul y se acompañan de flores. Quien sabe qué piense ahora esa novia, o el conductor que ha llevado ya cien veces a otras tantas novias y a otras tantas ilusiones. Para él no es más que rutina, para ella era lo extraordinario, ese momento que ha soñado tantas veces, desde niña, si es que alguna vez fue una de esas niñas que alimentaban su imaginación proyectando ese momento en que llega al altar. Quien sabe.

Y mientras removía el azúcar en el café, aún con sueño, la chica de los rizos pelirrojos que desplegará más tarde el periódico fija la mirada en la nada. La realidad de las noticias que esperan a salir del papel que hay en su mano contrasta con la de su cabeza. Ésa es otra. Sus pensamientos desmenuzan los mecanismos del deseo y cómo éste enfoca y desenfoca personas en tu vida de una manera tan irracional y hasta caprichosa. Y lo hilvana -las cosas de los pensamientos- con esos paréntesis que se abren y se cierran en tu vida sin tiempo a que quepan siquiera ni unos puntos suspensivos.

Cualquier cineasta habría seguido estas historias, que terminarían o no entrelazándose y dando lugar a desenlaces soprendentes donde la protagonista es más la serendipia que las historias en si. Las casualidades terminarían haciendo confluir las vidas, manejadas desde algún sitio con un hilo invisible. Cualquier escritor habría imaginado qué ocurrió a partir de ese punto, qué vidas más o menos novelables, más o menos narrables, se esconden tras cada uno de ellos. O no. Igual la historia es sólo esto: la magia que alberga la vida. Toda la vida que puede albergar un solo instante de una mañana de sábado. Y un periodista igual solo aspiraría a contar esa vida, en ese momento. Sin más. Ni menos

Los viejos principios nunca mueren

Esto sí que es un clásico“Habla sobre comunicación externa, pero una aproximación clásica”. Con semejante encargo (el que me hizo Joan Carles para el curso de Dirección de la Comunicación de la EASP), estuve viendo la manera de contar los principios básicos de la comunicación y sobre todo de la que una institución sanitaria tiene que proyectar al exterior.

Uno de los pilares básicos, si no el más importante, que tiene que regir esta labor es la credibilidad. Es la base de prácticamente toda comunicación pero se acrecienta su necesidad cuando se tiene la vocación de ser fuente oficial de información. Por un lado, es lo que corresponde a una institución sanitaria: ser la referencia informativa para el espectro de los medios de comunicación  y, a la postre, de la ciudadanía; pero es que, sobre todo, es una de las facetas fundamentales que ha de desarrollar como autoridad sanitaria. Y esto no cambiará por mucho que evolucionen las maneras de comunicarse, por mucho que llegue la bidireccionalidad y la premura que imprimen las redes sociales; lo que constituye precisamente uno de los peligros que se ciernen sobre este valor: no siempre casa bien la inmediatez con el rigor.

La credibilidad es un bien intangible que se teje a base de años de confianza, de rigor, de rigurosidad, de eficiencia (si, la comunicación también debe ser eficiente o si no, se torna en ruido). Es un don que el otro te otorga a ti como reconocimiento a una trayectoria. Pero es tan difícil de ganar como fácil de perder: basta un traspiés, una mentira, una falsedad, un dato mal dado, una acción desmesurada… para que se te despoje de esta condición y te halles en una situación irreversible. Ya nada de lo que digas o hagas tendrá validez y tu papel como institución habrá perdido una de sus más importantes facetas.

Día a día tienes que pelear por mantener intacta esa credibilidad y eso se consigue con el trabajo de la institución, básicamente, y también de quienes se dedican a la comunicación. Sólo con credibilidad es posible que te reconozcan como fuente de información oficial que cuenta con todas las garantías de rigor, de rigurosidad, de verdad y de interés público. Y de transparencia: porque el oscurantismo, no dar respuesta, ser opaco en la manera de hacerlo, denosta a la institución y merma esta credibilidad. Y de mesura, añadiría, porque una respuesta desproporcionada abunda en la misma línea (eficiencia).

Es interesante la aproximación que hace el Informe Quiral sobre el abordaje del tratamiento mediático del ébola en su edición de 2014 y abunda en que “la pérdida de confianza en las autoridades puede llevar a la población a un estado de alarma peligroso”. Hay algunos ejemplos (de los que costó mucho remontar) de cómo una institución puede perder la credibilidad y, con ello, cundir la alarma, impedir el control de la situación y desbordar al sistema. La gestión de la crisis de la meningitis C en Madrid en el 97 es una de ellas, y uno de los ejemplos que más estudiamos en gestión de la comunicación en crisis para aprender justo lo que no hay que hacer.

Sobre la credibilidad en general y sobre el papel de las instituciones como fuente de información en otra sonada crisis (más mediática que de salud pública), la de la Gripe A, realicé este análisis enmarcado en los trabajos de Doctorado (que nunca acabé) y que me parece interesante compartirlo hoy aquí porque a pesar del paso del tiempo y del desfase de algunos conceptos: los viejos principios nunca mueren, aunque cambie la manera de comunicar.

Fuentes en la comunicación en Salud (gripe A)

Molinillo y parálisis

El día en que compré Sueño

El día en que compré Sueño

Las personas a las que admiro me producen parálisis. Nunca sé qué decir, cómo reaccionar, cuando me las presentan, cuando me enfrento a ellas; y a fuerza de no querer parecer lela, acabo siendo la peor versión de lo que pudiera ser. No puedo evitarlo. Mi mente funciona a destajo, buscando algo interesante que decir, desdeñando todas las patochadas que relampaguean, plantando en mi cara una sonrisa estúpida y desordenando mis reacciones.

A Ruibal lo entrevisté cuando trabajaba en Diario de Cádiz. Ya hacia tiempo que su música acompañaba mis días, ya llevaba años alimentándome de su poesía y acompasándome de sus ritmos. Ya compraba, devota, sus discos, apenas salían. Así que a Javier Ruibal lo entrevisté cuando trabajaba Diario de Cádiz. Y frente a Ruibal desplegué la mejor de mis parálisis (que aún hoy perdura).

Apenas si pude articular las preguntas, preparadas. Porque era un Molinillo, y aún ahora, si tuviera que explicar a alguien en qué consistía el Molinillo, creo que no sería capaz de disponer de un argumento convincente. Podría defenderme de un primer asalto de mi interlocutor y asegurar que en esta inconcreción no cabe ni un resquicio de improvisación; o sea, que no es que se dejara todo a una suerte de frenesí de última hora; pero mentiría porque algo del vértigo de no llegar también había. Pero, sobre todo, mi incapacidad para definir esta sección (que se publicó en Diario de Cádiz allá por el 2002) radica en que el concepto del Molinillo se atenía a unas claves que Tano Ramos (el que lo gestó y parió y que contó conmigo como firma alterna) y yo teníamos bien interiorizadas, aunque no fueran explícitas. Algo como “lo tengo todo aquí”.

Coincidíamos en que tenía que ser una entrevista diferente a gente diferente. Y por ello huíamos de los “portavoces incondicionales”, aquellos que siempre llenaban las páginas del medio en cuya plantilla nos incluíamos. Sólo dos políticos encontraron un hueco entre nuestro desquiciado elenco de invitados junto al entonces entrenador del Cádiz, a letrados, a voluntarias, arqueólogas, profesores, músicos… Todos tenían un nexo común: se descontextualizaban en parte de lo que eran y representaban y se vestían con un traje de ciudadano que opinaba de la actualidad, que exponía su criterio sobre lo que acontecía a su alrededor.

Así que Ruibal fue uno de los elegidos, por músico, por gente diferente. Porque si. Y en esa descontextualización como ciudadano hace gala de la coherencia y el compromiso que aún hoy, trece años después, le caracteriza; si acaso (ahora) agudizado por la pátina del tiempo, por la experiencia de la madurez; por la vida. Y asombra la vigencia de muchos temas, trienios después.

Podría volver a contar lo que la música de Ruibal significa para mi, pero ya lo he hecho aquí, aquí, aquí. Y no es plan de ponerse empalagosa. Ni caer en lo patológico. Sólo que, aprovechando que esta semana celebra 35 años en la música, aprovecho yo para recuperar esta entrevista, para asombrarme con la actualidad de los temas, para reivindicar al músico y a la persona. Incluso para recordar lo que fui.

Entrevista en Diario de Cádiz. Nociembre de 2002

Entrevista en Diario de Cádiz. Nociembre de 2002

Emergencias entre centímetros cúbicos

Menuda tropa (la periodista, el policía y el  ekeko)250.000 personas en un mismo recinto. Tres días intensos bajo el sol, con bebidas, comidas y centímetros cúbicos. Moteros que se desplazan desde todos los puntos de España y Portugal. Corredores de alto nivel que se la juegan entre las curvas. Esto y mucho más es el Gran Premio de Motociclismo que se celebra este fin de semana en Jerez.

800 personas componen el dispositivo de seguridad del Gobierno andaluz que velan porque nada ocurra en este fin de semana de locura y revoluciones, de las que más de 500 son sanitarios. Todo está previsto, planificado y testado en un plan de emergencias que se anticipa a los posibles riesgos que tal aglomeración de personas puede acarrear, que detecta las áreas de riesgo y establece los protocolos a poner en marcha en caso de que ocurra (ojalá que no).

Y tanto en la planificación como en la ejecución cobra un papel fundamental la comunicación, y así es cómo se ha trabajado en este caso en particular, donde tuve la oportunidad de trabajar en el diseño e implantación del de este dispositivo. A propósito de un caso.

El Plan de Emergencias Sanitarias del GP de Jerez se enmarca en el Plan de Emergencias de Andalucia, que establece los distintos niveles de activación (según la gravedad y dimensión de la emergencia) y afianza los mecanismos de coordinación entre las entidades implicadas (tanto si son ayuntamientos, gobiernos autonómicos y central, como si hablamos de cuerpos de seguridad -Policía, Guardia Civil- u otros servicios sanitarios); está dirigido por el 112 Andalucía.

Este Plan de Emergencias es el marco en el que se articula la coordinación de los servicios sanitarios de la provincia (Empresa Pública de Emergencia Sanitaria, Servicio Andaluz de Salud, Delegación Provincial de Salud y hospitales concertados) que trabajaron conjuntamente en la elaboración del Plan de Emergencias Sanitarias en unos meses de labor colaborativa y enriquecedora que permitió primero un documento y después su implementación bastante ejemplar. Desde el triaje a las derivaciones según gravedad, la clasificación de los centros de primaria y hospitalarios para dar respuesta a los requerimientos, los traslados intercentros, la necesidad de que ese fin de semana la ocupación de los hospitales sea menor para poder dar respuesta… todo está recogido en ese plan que valora todos los posibles riesgos a los que nos podemos enfrentar.

El Gabinete de Comunicación de la Delegación Provincial de Salud (servidora por aquel entonces) estuvo desde el primer momento en las reuniones de elaboración del Plan y esto fue fundamental en dos aspectos: conocer al dedillo todo el proceso y los protocolos (en caso de emergencia no se puede tener dudas) e integrar la comunicación en toda la cadena, desde el inicio al final. No vamos a contar el plan completo, no es plan. Pero sí algunas acciones básicas a tener en cuenta.

  • El Plan de Emergencias está activado durante tres días por lo que tú estás activada durante tres días sin descanso (que se lo digan ahora a Isa) y sin posibilidad de desconectar; en caso de que ocurra algo, vas a ser la primera persona a la que acudan los medios de comunicación y a la que busque la organización.
  • Estar activada todo el puente no significa tener que esta continuamente dando información a cuentagotas, sobre todo si no es trascendente. Cuando llegué a la Delegación, los medios preguntaban a demanda por los accidentes en carretera y estábamos todo el día buscando a heridos en los hospitales, con la consecuente molestia a los profesionales que tienen que estar continuamente recabando la información. Se estableció un protocolo para el parte de incidentes con dos cortes diarios, uno por la mañana que permitiera cubrir los boletines para las radios y los informativos de mediodía de la tele, además de los digitales; y uno por la tarde, al final del día, que resulta útil tanto para los informativos de la noche como para los matinales de la radio. Salvo incidencia grave, los medios ya saben que tienen que adecuarse a esta dinámica y funciona (con alguna excepción, como siempre) de manera que no tenemos que estar todo el día interrumpiendo la labor asistencial.
  • Referencia a quienes te dan la información y que ellos te referecien a ti: es importante que los gerentes de los hospitales y centro sanitarios adviertan a los responsables de la guardia de que una pesada de prensa les va a llamar dos veces al día (salvo incidencias) a preguntar una serie de datos, a unas horas determinadas. Es bueno que ya sepan los datos que necesitas, para que tengan la labor facilitada. Tú, quédate ya con los teléfonos de los jefes de guardia y procura saber los nombres.
  • Es importante que la ciudadanía conozca esta labor (para mi tan apasionante) y siempre los sanitarios son mejores portavoces para que llegue, para los tradicionales reportajes sobre el dispositivo sanitario, identifica a aquellos que se expresan con claridad y sin tecnicismos y dale unas pequeñas nociones previas a su intervención, hay claves que no tienen por qué manejar.
  • En caso de emergencia grave, eres fuente oficial y tienes que mantener la credibilidad que sostiene tu trabajo: es preferible demorarse en dar la información y que sea correcta a salir precipitadamente y errar.

Podría estar todo el día hablando de esto. Me apasiona. Pero sólo quería dar unas pinceladas. Si os interesa más el tema, aquí tenéis un enlace.

Encuestas con cuchara de palo

No sé muy bien qué objetivo de comunicación perseguían, me gustaría que alguien me argumentara el por qué del emplazamiento, de la ubicación, del atrezzo… Porque es con todo lo que me he quedado de lo que pretendían comunicar y con absolutamente nada del mensaje. Por más que lo intento, la secuencia queda más o menos como sigue…

Cocina y encuestas… “¿qué está guisando? ¿tomate? Mira, es de cuchara de palo. A ver si se le quema con tanta argumentación, que el sofrito tiene sus vueltas”

Nosotros somos muy cautos “¿y esos visillos? ¿Qué son un flamenco? ¿El pájaro de Big? ¿Están hechos a mano o son de pega? Qué pechá de croché… espero que no nos hablen de tejer redes mientras se echan una colchita de ganchillo”

Plantea una alternativa al voto... “¿Qué tiene colgado al fondo? ¿Un tendedero? ¿Y es un tapete lo que seca? Menos mal que no son tanguitas. Alternativa habría sido si colgaran bragas de cuello vuelto”.

No sé cuántos han procesado lo que querían decirnos, espero no ser la única frívola del equipo, pero la manera de presentar este vídeo tiene todos los errores que se puede evitar en comunicación, y el principal es que nos perdamos en la transmisión y no recordemos lo transmitido. Y esto es de primero de comunicar. Sin abordar la frustración como mujer de que se enmarque a las féminas en las cocinas, de donde hemos peleado durante años por salir.

Lo inesperado

Aquí, algunas de las cosas que puede hace Siri en mi móvil

Aquí, algunas de las cosas que puede hace Siri en mi móvil

Sorteaba la vida y aprendía la profesión arrinconada en un ordenador burocratizando planillos y cerrando páginas en un veterano periódico local, en una sección olvidada a la que nadie quería llegar. Me enfrenté al oficio al que amaba conociendo la mediocridad de los jefes que vuelcan en sus subordinados las miserias y las venganzas, la de los compañeros que miraban a otro lado; pero también la grandeza, la rigurosidad y el compañerismo de quienes compartían conmigo los peores momentos y los mejores, quienes alimentaban mis ganas y mi inquietud dándome temas con los que ir desanquilosándome, dándome aire entre tanta asfixia. Con ellos compartí también copas y madrugadas, y reflexiones, y la importancia de la gente, y de la calle. Lo que también es periodismo. O lo que sobre todo es periodismo.

Y cambié de tercio. Ni lo había planeado, ni lo tenía pensado. Ni siquiera me lo pensé. Llegó, me subí. Fue un enorme regalo de cumpleaños que me vino envuelto sin mas: la promesa de aprender en un mundo fascinante, de poder sorprenderme a diario y de conocer a gente maravillosa. Si los escarceos que había tenido antes eran más con lo local y con lo cultural, desde aquel 23 de mayo de 2005 me sumergí sin pensármelo en el mundo de la salud, tan desconocido, tan fascinante, tan prometedor. Con paciencia y fascinación fui aprendiendo, empapándome de todos los profesionales que me arroparon en mi camino, de toda la sabiduría de una casa (institución) maravillosa. Comencé a conocer y valorar desde las mismas entrañas el valor de lo público y el privilegio de formar parte de ello.

Y como última pieza de una sorpresiva cadena (el inicio fue el nombramiento de un ministro) terminé comprometiéndome a otros niveles con lo público, con la casa, con las gentes. No iba a ser capaz, lo tenía claro. No entendía por qué era yo. Pero era sólo por nueve meses, sólo eso, y después volvería a la normalidad. Seis años más tarde y aún con la columna del debe llena de retos a los que no he llegado, de cosas que no he conseguido hacer, de no ser todo lo buena jefa que me hubiera gustado y sin entender aún por qué fui yo, miro hacia atrás y sólo soy capaz de sentir agradecimiento por todo lo que aprendido, por toda las personas de las que lo he hecho, por seguir empapándome de compromiso, integridad, vocación pública, pasión por las personas, por el trabajo, por el día a día. Me asombra comprobar el poso tan grande de conocimiento y de madurez que todos estos años me ha dejado. Me asombra comprobar que me ilusionaba cada nueva cosa que aprendía. Me asombra comprobar lo que he disfrutado a pesar de lo duro que ha sido el camino.

Sin esperarlo, una vez más, tocó cambiar de rumbo, dejando atrás una etapa tan feliz. Sin esperarlo, una vez más, ha pasado ya medio año aprendiendo de nuevo, desde cero, con humildad y la misma sensación de entonces: no voy a ser capaz. Sin esperarlo, una vez más, la vida me brinda la oportunidad de seguir empapándome, de conocer a nuevas personas, hasta de frustrarme. Probablemente nunca haya decidido por mi misma salir de la zona de confort, aquella que haya sido en cada uno de los momentos. Y no sé si eso es bueno o no. Nada ha sido premeditado, siempre ha sido inesperado, y me he sumado a los retos con más osadía que otra cosa.

Han pasado seis meses de estudio duro, de adaptación, de aprendizaje. Y aún no ha acabado porque sigo sintiéndome incapaz. El mundo es otro, las palabras son otras, los conceptos son otros pero sigue tratándose de la vocación pública y del compromiso con las personas.Quién sabe cuánto más de inesperado me espera a la vuelta de las esquinas y hacia dónde me llevarán.

P.D: Siento si he tenido esto un poco abandonado pero lo inesperado tiene esas cosas. También estas cosas.