El caso del universo minúsculo

sombreros

Uno de cada cuatro sombreros es una montera (foto de mi iG)

Un medio escrito publica un “estudio” anónimo remitido por profesionales del propio hospital donde se cuestiona la labor de un servicio y pone el foco en la trayectoria del nuevo director de la Unidad de Gestión Clínica.

Valga este “a propósito de un caso” para exponer la realidad con la que nos encontramos en ocasiones en los gabinetes de comunicación, que tenemos que dar respuesta e intentar desmontar algunas informaciones que tienen por un lado todo el atractivo para el periodista del medio de estar delante de un “pelotazo mediático”; y por otro la dificultad de que se enmarcan en lo que podría denominarse medias verdades, que son las más difíciles de clarificar porque no conllevan un no rotundo sino toda una batería de datos, estadísticas y matizaciones que no están al alcance de los no especializados y pueden sonar a humo.

Como ya estoy fuera de esto y no me va nada, voy a comentar con libertad lo que pensé y lo que consulté tal y como leí la noticia (si, una es friki y mira datos a pesar de que no le va nada en esto):

  • Se señala expresamente la llegada de un nuevo director de la Unidad de Gestión Clínica de Cirugía como el detonante de todos los males. Y los denunciantes, anónimos, son de la Unidad de Anestesia. Además, se abunda que son los nuevos procedimientos implementados por éste los que han generado todo lo que se denuncia. Así, sin leer mucho más, ya me suena raro y me da que pensar. Llamadme desconfiada. Quizás una variable a tener en cuenta por la redactora que lo firma podría haber sido que todos todos los sistemas generan resistencia a los cambios, sobre todo si van tendentes a mejorar la eficiencia. Yo habría preguntado al Gabinete de Prensa en primer lugar, y antes de seguir con la pieza, en qué han consistido los cambios implementados en el servicio y de qué manera han afectado al trabajo de los compañeros de Anestesia. Que no estoy diciendo que detrás haya una vocación tan espuria, que igual les mueve sacar a la luz un escándalo mayúsculo, como hacen ver; pero no está de más completar información por este lado, por lo que pudiera pasar. Y porque da la nariz.
  • Unos profesionales de anestesia se ponen a estudiar historias clínicas con fines distintos a su práctica clínica. Otro de los elementos de la noticia que me deja epatada. No sé si es legal (lo preguntaría), si es ético (lo preguntaría). Y como paciente, me pregunto: cuántas personas de las que tienen acceso a mi historia clínica digital y completísima gracias a Diraya (con sus analíticas, sus imágenes radiodiagnósticas, sus episodios de urgencia, de primaria, todo juntito) lo hacen para algo que no sea mejorar su atención para con mi persona. No estoy diciendo que esto invalide totalmente la información que se traslada desde este informe casero pero sí que me da que pensar. Y creo que a la periodista que lo firma también debería haberle ocurrido algo similar.
  • Estudian unos 200 casos repartidos en los años 2013, 2014 y 2015. Y dan datos con una validez estadística mínima (en alguna afirmación se dice que uno de cada dos tienen sepsis cuando se ha abarcado sólo a 33 pacientes). No habla de la complejidad de éstos (entiendo por las complicaciones que se han ido a las 173 “cojointervenciones”), sobre todo cuando se aducen tasas de mortalidad tan altas. Los índices de complejidad de las intervenciones están también perfectamente establecidas y es un dato que, cuanto menos, tendría que haber preguntado a sus fuentes.
  • Cuando veo estos datos, además de cuestionar la validez estadística de este informe, me pregunto ¿cuántas intervenciones se hacen cada año en el Hospital Puerta del Mar? Me voy a la web y, aunque la última memoria está un poco antigua (2011) –por cierto, deberían mantener la sana costumbre de publicar estadísticas– veo que la media de los últimos años estaban en unas 20.000. Si son 3 años, entiendo que estamos hablando, chispa más o menos, de unas 60.000 y los datos del informe anónimo hablan de 173 casos. Como poco, es endeble.
  • Se mide las complicaciones en porcentajes comparados con los casos estudiados  de tal manera que si muere 9 de los 24 que estudian, dicen que la mortalidad es de 1 de cada 3. Todas las estadísticas de morbimortalidad se hacen sobre el total de intervenciones, con lo que la periodista que ha firmado la noticia tendría que haber puesto en relación ésta con los datos globales de actividad. Y de paso, haber comprobado cómo estaban los resultados con las estadísticas nacionales, que están aquí. La media de reingresos en Andalucía (un indicador de complicación en el proceso) está en 7,28%  del total de intervenciones. No sé cómo está el Puerta del Mar
  • Podría seguir hablando de cómo se hace la codificación por parte de documentalistas que no veo yo cambiando casillas, por no hablar de que se trate de un informe anónimmo.

Con estas mimbres resulta tremendamente complejo intentar desactivar noticias de este tipo o, al menos, intentar dar visos de mayor rigor. Que no digo en ningún momento que sean falsas las conclusiones del informe, que probablemente sean verdad en ese minúsculo universo, pero sí puedo asegurar tras leer la noticia que no está abarcada en toda su complejidad.

Lo que hizo el gabinete de prensa fue posibilitar que la periodista hablara con el gerente, con la directora médica y los directores de las Unidades de Gestión Clínicas implicadas, sin que ninguno de los argumentos permeara en su realidad; y también dio esta nota de prensa. Muchas veces, no se puede hacer más porque explicar todo esto es un desgaste para quien sólo ve los titulares.

Anatomía de un instante

Foto 24-3-15 10 58 19Bajaban atropellados, entre pitos de los coches que se iban formando cola justo atrás. Hacían recuentos de plumas -enormes plumas- y tambores -de todos los tamaños-, con toda la prisa de una mañana de sábado, con todo el entusiasmo de su juventud. Y no era una cofradía del Mardi Gras, ni aquello era Nueva Orleans. Pero era a lo que más se asemejaban esos cincuenta chavales que portaban grandes plumas y tambores bloqueando el tráfico.

Entre calabacines y legumbres, una gaita tapaba el bullicio y atenuaba las ventas del mercadillo ecológico. Sus notas tenían algo de rústico que casaban bien con los puestos y la mercancía, con la vida que conlleva comerciar cuando se hace con los preceptos de siempre, ofreciendo lo mejor de cada tierra. Al final era todo primario: los trámites y la música, y el deleite de compartir a la vez las dos experiencias, que resultaron ser complementarias sin proponerlo.

Un viejo rolls pasaba por donde apenas un segundo antes un autobús bloqueaba la circulación. Dentro viajaban todas las ilusiones, igual caducas, igual con fecha de caducidad, que visten de tul y se acompañan de flores. Quien sabe qué piense ahora esa novia, o el conductor que ha llevado ya cien veces a otras tantas novias y a otras tantas ilusiones. Para él no es más que rutina, para ella era lo extraordinario, ese momento que ha soñado tantas veces, desde niña, si es que alguna vez fue una de esas niñas que alimentaban su imaginación proyectando ese momento en que llega al altar. Quien sabe.

Y mientras removía el azúcar en el café, aún con sueño, la chica de los rizos pelirrojos que desplegará más tarde el periódico fija la mirada en la nada. La realidad de las noticias que esperan a salir del papel que hay en su mano contrasta con la de su cabeza. Ésa es otra. Sus pensamientos desmenuzan los mecanismos del deseo y cómo éste enfoca y desenfoca personas en tu vida de una manera tan irracional y hasta caprichosa. Y lo hilvana -las cosas de los pensamientos- con esos paréntesis que se abren y se cierran en tu vida sin tiempo a que quepan siquiera ni unos puntos suspensivos.

Cualquier cineasta habría seguido estas historias, que terminarían o no entrelazándose y dando lugar a desenlaces soprendentes donde la protagonista es más la serendipia que las historias en si. Las casualidades terminarían haciendo confluir las vidas, manejadas desde algún sitio con un hilo invisible. Cualquier escritor habría imaginado qué ocurrió a partir de ese punto, qué vidas más o menos novelables, más o menos narrables, se esconden tras cada uno de ellos. O no. Igual la historia es sólo esto: la magia que alberga la vida. Toda la vida que puede albergar un solo instante de una mañana de sábado. Y un periodista igual solo aspiraría a contar esa vida, en ese momento. Sin más. Ni menos

Los viejos principios nunca mueren

Esto sí que es un clásico“Habla sobre comunicación externa, pero una aproximación clásica”. Con semejante encargo (el que me hizo Joan Carles para el curso de Dirección de la Comunicación de la EASP), estuve viendo la manera de contar los principios básicos de la comunicación y sobre todo de la que una institución sanitaria tiene que proyectar al exterior.

Uno de los pilares básicos, si no el más importante, que tiene que regir esta labor es la credibilidad. Es la base de prácticamente toda comunicación pero se acrecienta su necesidad cuando se tiene la vocación de ser fuente oficial de información. Por un lado, es lo que corresponde a una institución sanitaria: ser la referencia informativa para el espectro de los medios de comunicación  y, a la postre, de la ciudadanía; pero es que, sobre todo, es una de las facetas fundamentales que ha de desarrollar como autoridad sanitaria. Y esto no cambiará por mucho que evolucionen las maneras de comunicarse, por mucho que llegue la bidireccionalidad y la premura que imprimen las redes sociales; lo que constituye precisamente uno de los peligros que se ciernen sobre este valor: no siempre casa bien la inmediatez con el rigor.

La credibilidad es un bien intangible que se teje a base de años de confianza, de rigor, de rigurosidad, de eficiencia (si, la comunicación también debe ser eficiente o si no, se torna en ruido). Es un don que el otro te otorga a ti como reconocimiento a una trayectoria. Pero es tan difícil de ganar como fácil de perder: basta un traspiés, una mentira, una falsedad, un dato mal dado, una acción desmesurada… para que se te despoje de esta condición y te halles en una situación irreversible. Ya nada de lo que digas o hagas tendrá validez y tu papel como institución habrá perdido una de sus más importantes facetas.

Día a día tienes que pelear por mantener intacta esa credibilidad y eso se consigue con el trabajo de la institución, básicamente, y también de quienes se dedican a la comunicación. Sólo con credibilidad es posible que te reconozcan como fuente de información oficial que cuenta con todas las garantías de rigor, de rigurosidad, de verdad y de interés público. Y de transparencia: porque el oscurantismo, no dar respuesta, ser opaco en la manera de hacerlo, denosta a la institución y merma esta credibilidad. Y de mesura, añadiría, porque una respuesta desproporcionada abunda en la misma línea (eficiencia).

Es interesante la aproximación que hace el Informe Quiral sobre el abordaje del tratamiento mediático del ébola en su edición de 2014 y abunda en que “la pérdida de confianza en las autoridades puede llevar a la población a un estado de alarma peligroso”. Hay algunos ejemplos (de los que costó mucho remontar) de cómo una institución puede perder la credibilidad y, con ello, cundir la alarma, impedir el control de la situación y desbordar al sistema. La gestión de la crisis de la meningitis C en Madrid en el 97 es una de ellas, y uno de los ejemplos que más estudiamos en gestión de la comunicación en crisis para aprender justo lo que no hay que hacer.

Sobre la credibilidad en general y sobre el papel de las instituciones como fuente de información en otra sonada crisis (más mediática que de salud pública), la de la Gripe A, realicé este análisis enmarcado en los trabajos de Doctorado (que nunca acabé) y que me parece interesante compartirlo hoy aquí porque a pesar del paso del tiempo y del desfase de algunos conceptos: los viejos principios nunca mueren, aunque cambie la manera de comunicar.

Fuentes en la comunicación en Salud (gripe A)

Molinillo y parálisis

El día en que compré Sueño

El día en que compré Sueño

Las personas a las que admiro me producen parálisis. Nunca sé qué decir, cómo reaccionar, cuando me las presentan, cuando me enfrento a ellas; y a fuerza de no querer parecer lela, acabo siendo la peor versión de lo que pudiera ser. No puedo evitarlo. Mi mente funciona a destajo, buscando algo interesante que decir, desdeñando todas las patochadas que relampaguean, plantando en mi cara una sonrisa estúpida y desordenando mis reacciones.

A Ruibal lo entrevisté cuando trabajaba en Diario de Cádiz. Ya hacia tiempo que su música acompañaba mis días, ya llevaba años alimentándome de su poesía y acompasándome de sus ritmos. Ya compraba, devota, sus discos, apenas salían. Así que a Javier Ruibal lo entrevisté cuando trabajaba Diario de Cádiz. Y frente a Ruibal desplegué la mejor de mis parálisis (que aún hoy perdura).

Apenas si pude articular las preguntas, preparadas. Porque era un Molinillo, y aún ahora, si tuviera que explicar a alguien en qué consistía el Molinillo, creo que no sería capaz de disponer de un argumento convincente. Podría defenderme de un primer asalto de mi interlocutor y asegurar que en esta inconcreción no cabe ni un resquicio de improvisación; o sea, que no es que se dejara todo a una suerte de frenesí de última hora; pero mentiría porque algo del vértigo de no llegar también había. Pero, sobre todo, mi incapacidad para definir esta sección (que se publicó en Diario de Cádiz allá por el 2002) radica en que el concepto del Molinillo se atenía a unas claves que Tano Ramos (el que lo gestó y parió y que contó conmigo como firma alterna) y yo teníamos bien interiorizadas, aunque no fueran explícitas. Algo como “lo tengo todo aquí”.

Coincidíamos en que tenía que ser una entrevista diferente a gente diferente. Y por ello huíamos de los “portavoces incondicionales”, aquellos que siempre llenaban las páginas del medio en cuya plantilla nos incluíamos. Sólo dos políticos encontraron un hueco entre nuestro desquiciado elenco de invitados junto al entonces entrenador del Cádiz, a letrados, a voluntarias, arqueólogas, profesores, músicos… Todos tenían un nexo común: se descontextualizaban en parte de lo que eran y representaban y se vestían con un traje de ciudadano que opinaba de la actualidad, que exponía su criterio sobre lo que acontecía a su alrededor.

Así que Ruibal fue uno de los elegidos, por músico, por gente diferente. Porque si. Y en esa descontextualización como ciudadano hace gala de la coherencia y el compromiso que aún hoy, trece años después, le caracteriza; si acaso (ahora) agudizado por la pátina del tiempo, por la experiencia de la madurez; por la vida. Y asombra la vigencia de muchos temas, trienios después.

Podría volver a contar lo que la música de Ruibal significa para mi, pero ya lo he hecho aquí, aquí, aquí. Y no es plan de ponerse empalagosa. Ni caer en lo patológico. Sólo que, aprovechando que esta semana celebra 35 años en la música, aprovecho yo para recuperar esta entrevista, para asombrarme con la actualidad de los temas, para reivindicar al músico y a la persona. Incluso para recordar lo que fui.

Entrevista en Diario de Cádiz. Nociembre de 2002

Entrevista en Diario de Cádiz. Nociembre de 2002

Emergencias entre centímetros cúbicos

Menuda tropa (la periodista, el policía y el  ekeko)250.000 personas en un mismo recinto. Tres días intensos bajo el sol, con bebidas, comidas y centímetros cúbicos. Moteros que se desplazan desde todos los puntos de España y Portugal. Corredores de alto nivel que se la juegan entre las curvas. Esto y mucho más es el Gran Premio de Motociclismo que se celebra este fin de semana en Jerez.

800 personas componen el dispositivo de seguridad del Gobierno andaluz que velan porque nada ocurra en este fin de semana de locura y revoluciones, de las que más de 500 son sanitarios. Todo está previsto, planificado y testado en un plan de emergencias que se anticipa a los posibles riesgos que tal aglomeración de personas puede acarrear, que detecta las áreas de riesgo y establece los protocolos a poner en marcha en caso de que ocurra (ojalá que no).

Y tanto en la planificación como en la ejecución cobra un papel fundamental la comunicación, y así es cómo se ha trabajado en este caso en particular, donde tuve la oportunidad de trabajar en el diseño e implantación del de este dispositivo. A propósito de un caso.

El Plan de Emergencias Sanitarias del GP de Jerez se enmarca en el Plan de Emergencias de Andalucia, que establece los distintos niveles de activación (según la gravedad y dimensión de la emergencia) y afianza los mecanismos de coordinación entre las entidades implicadas (tanto si son ayuntamientos, gobiernos autonómicos y central, como si hablamos de cuerpos de seguridad -Policía, Guardia Civil- u otros servicios sanitarios); está dirigido por el 112 Andalucía.

Este Plan de Emergencias es el marco en el que se articula la coordinación de los servicios sanitarios de la provincia (Empresa Pública de Emergencia Sanitaria, Servicio Andaluz de Salud, Delegación Provincial de Salud y hospitales concertados) que trabajaron conjuntamente en la elaboración del Plan de Emergencias Sanitarias en unos meses de labor colaborativa y enriquecedora que permitió primero un documento y después su implementación bastante ejemplar. Desde el triaje a las derivaciones según gravedad, la clasificación de los centros de primaria y hospitalarios para dar respuesta a los requerimientos, los traslados intercentros, la necesidad de que ese fin de semana la ocupación de los hospitales sea menor para poder dar respuesta… todo está recogido en ese plan que valora todos los posibles riesgos a los que nos podemos enfrentar.

El Gabinete de Comunicación de la Delegación Provincial de Salud (servidora por aquel entonces) estuvo desde el primer momento en las reuniones de elaboración del Plan y esto fue fundamental en dos aspectos: conocer al dedillo todo el proceso y los protocolos (en caso de emergencia no se puede tener dudas) e integrar la comunicación en toda la cadena, desde el inicio al final. No vamos a contar el plan completo, no es plan. Pero sí algunas acciones básicas a tener en cuenta.

  • El Plan de Emergencias está activado durante tres días por lo que tú estás activada durante tres días sin descanso (que se lo digan ahora a Isa) y sin posibilidad de desconectar; en caso de que ocurra algo, vas a ser la primera persona a la que acudan los medios de comunicación y a la que busque la organización.
  • Estar activada todo el puente no significa tener que esta continuamente dando información a cuentagotas, sobre todo si no es trascendente. Cuando llegué a la Delegación, los medios preguntaban a demanda por los accidentes en carretera y estábamos todo el día buscando a heridos en los hospitales, con la consecuente molestia a los profesionales que tienen que estar continuamente recabando la información. Se estableció un protocolo para el parte de incidentes con dos cortes diarios, uno por la mañana que permitiera cubrir los boletines para las radios y los informativos de mediodía de la tele, además de los digitales; y uno por la tarde, al final del día, que resulta útil tanto para los informativos de la noche como para los matinales de la radio. Salvo incidencia grave, los medios ya saben que tienen que adecuarse a esta dinámica y funciona (con alguna excepción, como siempre) de manera que no tenemos que estar todo el día interrumpiendo la labor asistencial.
  • Referencia a quienes te dan la información y que ellos te referecien a ti: es importante que los gerentes de los hospitales y centro sanitarios adviertan a los responsables de la guardia de que una pesada de prensa les va a llamar dos veces al día (salvo incidencias) a preguntar una serie de datos, a unas horas determinadas. Es bueno que ya sepan los datos que necesitas, para que tengan la labor facilitada. Tú, quédate ya con los teléfonos de los jefes de guardia y procura saber los nombres.
  • Es importante que la ciudadanía conozca esta labor (para mi tan apasionante) y siempre los sanitarios son mejores portavoces para que llegue, para los tradicionales reportajes sobre el dispositivo sanitario, identifica a aquellos que se expresan con claridad y sin tecnicismos y dale unas pequeñas nociones previas a su intervención, hay claves que no tienen por qué manejar.
  • En caso de emergencia grave, eres fuente oficial y tienes que mantener la credibilidad que sostiene tu trabajo: es preferible demorarse en dar la información y que sea correcta a salir precipitadamente y errar.

Podría estar todo el día hablando de esto. Me apasiona. Pero sólo quería dar unas pinceladas. Si os interesa más el tema, aquí tenéis un enlace.

Encuestas con cuchara de palo

No sé muy bien qué objetivo de comunicación perseguían, me gustaría que alguien me argumentara el por qué del emplazamiento, de la ubicación, del atrezzo… Porque es con todo lo que me he quedado de lo que pretendían comunicar y con absolutamente nada del mensaje. Por más que lo intento, la secuencia queda más o menos como sigue…

Cocina y encuestas… “¿qué está guisando? ¿tomate? Mira, es de cuchara de palo. A ver si se le quema con tanta argumentación, que el sofrito tiene sus vueltas”

Nosotros somos muy cautos “¿y esos visillos? ¿Qué son un flamenco? ¿El pájaro de Big? ¿Están hechos a mano o son de pega? Qué pechá de croché… espero que no nos hablen de tejer redes mientras se echan una colchita de ganchillo”

Plantea una alternativa al voto... “¿Qué tiene colgado al fondo? ¿Un tendedero? ¿Y es un tapete lo que seca? Menos mal que no son tanguitas. Alternativa habría sido si colgaran bragas de cuello vuelto”.

No sé cuántos han procesado lo que querían decirnos, espero no ser la única frívola del equipo, pero la manera de presentar este vídeo tiene todos los errores que se puede evitar en comunicación, y el principal es que nos perdamos en la transmisión y no recordemos lo transmitido. Y esto es de primero de comunicar. Sin abordar la frustración como mujer de que se enmarque a las féminas en las cocinas, de donde hemos peleado durante años por salir.