Allende las sábanas

2015-11-27 14.57.38

Marcando espacios

No me jures amor eterno. No lo necesito, no lo quiero, no me lo creo. No desgranes a mi lado todos los minutos, ni hables en futuro, siempre imperfecto. Pero no lo enfrentes levantando un muro inexpugnable que nos separe aún más de lo que lo estábamos cuando aún no nos conocíamos, ni bíblica, ni siquiera literalmente.

No te comprometas si no quieres. Yo aún no sé si lo quiero. Aún no sé qué quiero. Pero no prevengas también mis incertidumbres señalando de rojos miles de líneas, reduciendo el espacio, el tiempo, las palabras que podemos poner en común. Unilateralmente.

No te equivoques, no. No comprometerse no es ser arisco, cortante, defensivo; no comprometerse no es cercenar, no es evitar, no es fintar infinitamente. Porque saber de ti no es más que eso, amigo, saber de ti; porque intentar llevar confidencias más allá de la almohada no es más que eso, amigo, seguir charlando en torno a un café. No son cepillos de dientes sobre el lavabo ni gayumbos en la cesta de la ropa sucia…

No voy a renunciar a la complicidad, a la chispa, a la naturalidad allende las sábanas. Sin que eso conlleve listas de la compra. No voy a poner fronteras ni voy a autocensurarme si quiero preguntarte sobre aquel problema que me contaste. No tienes que sentirte incómodo con ese interés por ti, y si lo haces, es que no entiendes nada, chaval, porque estar pendiente no es más que empatía, cariño. Somos personas, amigos, amantes; amantes, amigos, personas. Y no pienso desprenderme de ninguna de esas pieles.

Y, te confieso, hasta ahora lo he hecho: he dejado el teléfono justo cuando iba a mandar ese “qué tal”. Y me he llegado a sentir ridícula si alguna vez ha salido. Tus monosílabos son un parapeto tan evidente como tu locuacidad en otros momentos. Y esto no va así. Porque si no me siento cómoda, no soy feliz; si no me siento libre, no soy feliz; si no tengo iniciativa, no soy feliz. Y se trata de ser feliz. Y de ser yo.

Así que no jures amor eterno, no te comprometas, no hables en futuro, siempre imperfecto, ni en plural, pero deja la defensa siciliana, afloja los reveses, relaja. Si al follamigo le quitas el amigo, la ecuación se limita a un silbido, a un momento sin alma, prosaico, fugaz. Si no es bilateral hay uno que pierde. Y ya no voy a ser yo.

En silencio

2015-11-23 23.00.23-2Si ya no están, si ya probablemente ni son. Si ya las complicidades no surgen, se encorsetan, ni las confidencias fluyen, ni la vida se comparte. Si ya ha cambiado tu imagen y te miran desconfiados, si las conversaciones no son contigo sino de ti, si aquello que tu protegías de todo, convencida de que era una parte fundamental de tu vida, hoy lo desprecian sin mas. No queda más que asumirlo, en silencio; retirarte, en silencio; pasar página, en silencio. Con el regusto, una vez más, de haberte equivocado; de apostar más fuerte de lo que probablemente deberías; de confiar más férreamente de lo que probablemente deberías…. Pero te dibujaron así.

Duele, claro que duele, más por lo que has dejado en el camino, en esta apuesta que sólo tú veías y en la que solo tu has perdido, que por lo que signifique de pérdida ahora. La vida es así, ya lo sabes, aunque no lo aprendas ni a palos.

 

Las chicas listas leen libros

chicas listas

Cartel fotografiado en una librería que me encanta: Nollegiu en Poblenou

No son todas las que me gustaría pero no ha sido un mal año en cuanto a lecturas. He afianzado mi pasión por la novela negra: mexicana, cubana, irlandesa, americana, italiana, patria. Me fascinó la trilogía de César Pérez Gellida “Versos, canciones y trocitos de carne”, también me adentré en la de Dolores Redondo, que me atrapó pero me dejó gusto desigual. Descubrí que la novela negra, si es mexicana, es más negra, de la mano de Elmer Mendoza, de Hilario Peña, de BEF, de Rafael Bernal.

Me fasciné con la crónica periodística -certera, aguda- de El desmoronamiento, un libro imprescindible para entender la crisis actual; y me deleité con cada palabra de Chaves Nogales y el personaje, pinturero y cabal, de Belmonte.

Con Tinísima y El hombre que amaba a los perros (la que más tiempo me ha llevado), me trasladé a un México especial, en ebullición, rebelde y revolucionario para aprender más de su historia y entender mejor el presente.

He intentado usar el hashtag #lecturastaite2015 y #taitelee2015 para tenerlos todos controlados, pero hoy, al hacer este recuento, veo que no lo he cumplido como debiera. Me plantearé este año usar pinterest, además de instagram, con el hashtag #taitelee2016. Aquí abajo los tenéis, de todos modos, aunque igual se escapa alguno…

No pido mucho

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El 2016 es así de mío (Arrancar el año en Bolonia. Foto de Mónica Segura)

No pido mucho, apenas nada: tener en el bolsillo lo suficiente para que no falten las cervezas con los amigos, seguir descubriendo bares y sorprendiéndome con sabores, maravillarme de que me siga maravillando cada día los atardeceres por el Campo del Sur y el olor a mar que me abriga como la manta en el sofá, arraigándome a lo que entiendo por casa.

El 2016 sería maravilloso si, además, me alimentara la fuerza de voluntad para continuar con el pilates y con alguna que otra carrerita; me mantuviera el sosiego que me acompaña desde hace un tiempo y se me tatúa en las arrugas; si se perpetuara esta felicidad tan simple, tan simple, que no aspira a más que a tener en el bolsillo lo suficiente para que no falten las cervezas con los amigos, a maravillarme con atardeceres y a saborear la tinta de un periódico migada con café mañanero. He descubierto que la felicidad es eso, saborear todos los momentos, y ahora no quiero perder esta pequeña sabiduría.

También quiero, querido 2016 que estás por descubrir, empacho de carnaval, una banda sonora (off y on) que no deje de sonar y que se salpique de Ruibal, siempre Ruibal; pero que también me descubran nuevos sones, nuevas letras que me hagan reír, sentir, vibrar, llorar. Y más domingos con delantal y cuchara de palo, con A vivir de fondo; y más tardes de sofá, y más series, y más libros.

No pido mucho. Bueno, si, ya me voy pasando. Pero también quiero estar siempre a la altura, de mis amigos, de mi familia, de mi trabajo. Y que cuando no lo esté, que una no es perfecta, pueda darme cuenta y rectificar. Y me lo perdonen mis amigos, mi familia, mi trabajo. Estar a la altura no es demasiado, o igual si: es ser coherente, consecuente, no fallar, saber adivinar cuándo te necesitan más que nunca aunque no te lo digan. Bueno, si, ya me voy pasando. Pero el 2015 ha sido básicamente bueno, realmente bueno.

Y más risas, muchas más risas, siempre risas. Pido que sigan las risas, que crezcan las risas, que se me tatúan también en las arrugas. Con amigos que juegan en la championlí del humor y de la complicidad, con carcajadas en el sofá ante ese “piensa padentro”; con amigas que le pegan patadas al diccionario, a las canciones, a la vida pero no pierden la sonrisa ni la capacidad de que llore hasta las lágrimas; con más amigas con ocurrencias y dobles sentidos, con propósitos de año nuevo fugaces, con salidas en espanglish. Y más risas, muchas más risas, también en la cama, y en el pre-cama, y en el post-cama.

Podría pedir, ya puestos, nuevos destinos viajeros, sitios de los que empaparte y con los que sorprenderte pero igual lo dejo para otro año, ya veremos, porque también quiero un 2016 en el que ser más yo, más todo lo yo que siempre he querido ser.

¿Valiente?

El oso que quiso salirse del estante

El oso que quiso salirse del estante

¿Valiente? No creo. Osada, si acaso. No llaméis valentía a no querer pensar en qué pasará por no quedarte en el intento. A no mirar atrás bajo ninguna circunstancia por evitar arrepentimientos que terminen pesándote hasta el final de tu días. A no medir jugadas futuras por no anticiparte a lo que pueda o no suceder. Ya ocurrirá. Ya veremos qué hacemos. Entonces. Si sucede.

¿Valiente? No creo. Si acaso suicida. Como los jugadores de un humor amarillo que es la vida, donde terminas ostiándote contra todo sin más protección que un ridículo vestido de foam. Sabes que acabarás colgando de un abismo, llena de cardenales y probablemente soportando un chaparrón de risas ajenas. Y todo eso con una chichonera atroz. Pero la adrenalina de intentarlo, incluso en ocasiones, de conseguirlo, termina empujándote de nuevo al reto. ¿Y si…?

¿Valiente? No creo. Seguro que tozuda (o “seguía”, en mi tierra). El miedo no va a poder conmigo, hace tiempo que lo decidí. El miedo paraliza y te hace perderte demasiado de esta vida que se cuenta por minutos que desaparecen para siempre. Que son son tres días y dos hace Levante, así que para qué malgastar el tiempo protegiéndote de vivencias que al final es que tienen también que llenarte -para bien o para mal-, tienen también que enriquecerte -para bien o para mal-, terminan siendo las que conforman tu vida, como una caótica colcha de patchwork. Y no hay nada de lo que no seas capaz con un paso, inspiración, barrida. Y lo que no llega, ni modo, que queda mucho por vivir y hacer.

¿Valiente? No creo. Puede que simple. Por ir despejando ecuaciones con demasiadas incógnitas. Es todo mucho más sencillo. Una sola x. Se quiere o no se quiere. Se está o no se está. Se apuesta o no se apuesta. Se quiere, se está, se apuesta. Porque no hacerlo es no vivir en preventivo, daños colaterales en forma de inacción, comodidad usurpadora de la esencia misma de esto que hacemos cada día. Se arriesga, se pierde, se sigue, se aprende. O no se pierde, y se sigue, y se aprende.

En ocasiones me quedo rumiando palabras. Veces en las que, ideas probablemente dichas sin más por el otro, se me hacen bola en la mente y tienen una digestión lenta, regurgitándome a veces cuando no debiera. Parte de estos post tienen que ver con eso, con ideas enconadas.

Así que no me digáis más valiente. Decidme suicida, simple, tozuda, osada. Porque no pensar de más no es recomendable, vale, pero sí es mi solución. Que de todo se sale, como algún día me tatuaré en el pecho. Porque no me conformo con menos. ¿A poco se puede estar “demasiado algo” alguna vez? ¿Demasiado a gusto? ¿Demasiado feliz? Me rebelo, oiga. Porque mirar atrás encadena. Tanto como mirar demasiado al horizonte, que da vértigo.

Así que no me digáis valiente. Tal vez sólo sea libre -practicante y ejerciente-. Por no querer arrepentirme sólo de lo que no he llegado a hacer. Porque la vida hay que bebérsela sorbo a sorbo, como el tequila. Reposado. Pero bebérsela. Y saborearla. Aunque a veces amargue.

A propósito de un caso en A propósito de un caso

Va a ser que no

Va a ser que no

Ha sido pudor. Tanto que he tardado casi medio año en ponerlo por aquí. Porque me veía yo muy pequeña para ese “blogueros andaluces”, qué queréis que os diga; que yo sólo tengo un huequito -en alguna de esas nubes- donde de vez en cuando despejo mis pensamientos o comento (cada vez menos, eso si) cosas que me han pasado, en lo profesional. Alguna que otra personal e historias que veo a mi alrededor y vive siempre una amiga.

Más pudor: Porque no me reconozco en esa voz de pito, porque repito muchos comodines léxicos, porque lo habría cambiado todo y habría expuesto de otra manera. Porque lo del autobombo lo llevo fatal, que todo hay que decirlo.

Pero hoy me he decidido a traerlo por aquí, a dejarlo en su sitio, en su casa, porque no tiene más sentido de estar que en este rinconcito. Podría ser incluso una buena introducción, si no fuera porque me muero de vergüenza.

De cómo nació el blog, de las fuentes en las que bebí, de como ha ido e(o in)volucionando, (qué sabe nadie); del futuro que le espera (si ni yo mismo muchas veces sé qué quiero); de cómo veo las redes y demás. Con la Catedral de Cádiz de fondo.

Gracias a EnRed de Canal Sur por pensar que tenía algo que aportar en su sección o que este humilde blog merecía una difusión de este tipo

Ya, ni modo

Grafiti en Cuba

Grafiti en Cuba

“Hace tiempo que decidí no guardarme las cosas. La libertad también es ser dueña de tus palabras y servirlas cuando quieras: en frío o en caliente. 

Me quedé con una sensación muy rara desde el otro día.  Y no paro de repetirme “no era eso, no. No contigo, contigo, no”. Un desquite puede llegar a ser esa noche de prisas (en la mayoría de las ocasiones lo es). Pero contigo no debió serlo. Qué puedo decir: me pudieron las ganas, la carestía, el tequila, ese momento tantas veces descartado. Me vine arriba, como la secretaria de Correa. Me faltó más tiempo, más piel y más nosotros. La cagué. Ya ni modo. 

Pero (sin significar más que lo que aporta la literalidad, sin buscar entrelíneas ni aristas) quería que supieras que no era eso, no. No contigo, contigo, no. Un desquite contigo debió ser otra cosa que no me hiciera tener esta sensación. 

Pero ya, ni modo “

Había perdido la cuenta de las re-lecturas de esas 150 palabras. Le pegó una calada lenta al cigarro y levantó la mirada del celular. No enfocaba a ningún sitio, se debatía entre la libertad como ella la entendía, la de ser franca e ir de frente, y los convencionalismos que obligan a tanta voz tragada. Expulsó el humo, jugueteó con los dedos alrededor de ese “enviar” con el vértigo, minúsculo pero vértigo, de que pudiera terminar escapándose por azar. Al final, la libertad también es no decir nada para ser más libre aún. Se guardó el celular. Y arrinconó con ello el mensaje que inauguraba la sección “borradores que probablemente nunca verían la luz”.