Las chicas listas leen libros

chicas listas

Cartel fotografiado en una librería que me encanta: Nollegiu en Poblenou

No son todas las que me gustaría pero no ha sido un mal año en cuanto a lecturas. He afianzado mi pasión por la novela negra: mexicana, cubana, irlandesa, americana, italiana, patria. Me fascinó la trilogía de César Pérez Gellida “Versos, canciones y trocitos de carne”, también me adentré en la de Dolores Redondo, que me atrapó pero me dejó gusto desigual. Descubrí que la novela negra, si es mexicana, es más negra, de la mano de Elmer Mendoza, de Hilario Peña, de BEF, de Rafael Bernal.

Me fasciné con la crónica periodística -certera, aguda- de El desmoronamiento, un libro imprescindible para entender la crisis actual; y me deleité con cada palabra de Chaves Nogales y el personaje, pinturero y cabal, de Belmonte.

Con Tinísima y El hombre que amaba a los perros (la que más tiempo me ha llevado), me trasladé a un México especial, en ebullición, rebelde y revolucionario para aprender más de su historia y entender mejor el presente.

He intentado usar el hashtag #lecturastaite2015 y #taitelee2015 para tenerlos todos controlados, pero hoy, al hacer este recuento, veo que no lo he cumplido como debiera. Me plantearé este año usar pinterest, además de instagram, con el hashtag #taitelee2016. Aquí abajo los tenéis, de todos modos, aunque igual se escapa alguno…

No pido mucho

unnamed

El 2016 es así de mío (Arrancar el año en Bolonia. Foto de Mónica Segura)

No pido mucho, apenas nada: tener en el bolsillo lo suficiente para que no falten las cervezas con los amigos, seguir descubriendo bares y sorprendiéndome con sabores, maravillarme de que me siga maravillando cada día los atardeceres por el Campo del Sur y el olor a mar que me abriga como la manta en el sofá, arraigándome a lo que entiendo por casa.

El 2016 sería maravilloso si, además, me alimentara la fuerza de voluntad para continuar con el pilates y con alguna que otra carrerita; me mantuviera el sosiego que me acompaña desde hace un tiempo y se me tatúa en las arrugas; si se perpetuara esta felicidad tan simple, tan simple, que no aspira a más que a tener en el bolsillo lo suficiente para que no falten las cervezas con los amigos, a maravillarme con atardeceres y a saborear la tinta de un periódico migada con café mañanero. He descubierto que la felicidad es eso, saborear todos los momentos, y ahora no quiero perder esta pequeña sabiduría.

También quiero, querido 2016 que estás por descubrir, empacho de carnaval, una banda sonora (off y on) que no deje de sonar y que se salpique de Ruibal, siempre Ruibal; pero que también me descubran nuevos sones, nuevas letras que me hagan reír, sentir, vibrar, llorar. Y más domingos con delantal y cuchara de palo, con A vivir de fondo; y más tardes de sofá, y más series, y más libros.

No pido mucho. Bueno, si, ya me voy pasando. Pero también quiero estar siempre a la altura, de mis amigos, de mi familia, de mi trabajo. Y que cuando no lo esté, que una no es perfecta, pueda darme cuenta y rectificar. Y me lo perdonen mis amigos, mi familia, mi trabajo. Estar a la altura no es demasiado, o igual si: es ser coherente, consecuente, no fallar, saber adivinar cuándo te necesitan más que nunca aunque no te lo digan. Bueno, si, ya me voy pasando. Pero el 2015 ha sido básicamente bueno, realmente bueno.

Y más risas, muchas más risas, siempre risas. Pido que sigan las risas, que crezcan las risas, que se me tatúan también en las arrugas. Con amigos que juegan en la championlí del humor y de la complicidad, con carcajadas en el sofá ante ese “piensa padentro”; con amigas que le pegan patadas al diccionario, a las canciones, a la vida pero no pierden la sonrisa ni la capacidad de que llore hasta las lágrimas; con más amigas con ocurrencias y dobles sentidos, con propósitos de año nuevo fugaces, con salidas en espanglish. Y más risas, muchas más risas, también en la cama, y en el pre-cama, y en el post-cama.

Podría pedir, ya puestos, nuevos destinos viajeros, sitios de los que empaparte y con los que sorprenderte pero igual lo dejo para otro año, ya veremos, porque también quiero un 2016 en el que ser más yo, más todo lo yo que siempre he querido ser.

¿Valiente?

El oso que quiso salirse del estante

El oso que quiso salirse del estante

¿Valiente? No creo. Osada, si acaso. No llaméis valentía a no querer pensar en qué pasará por no quedarte en el intento. A no mirar atrás bajo ninguna circunstancia por evitar arrepentimientos que terminen pesándote hasta el final de tu días. A no medir jugadas futuras por no anticiparte a lo que pueda o no suceder. Ya ocurrirá. Ya veremos qué hacemos. Entonces. Si sucede.

¿Valiente? No creo. Si acaso suicida. Como los jugadores de un humor amarillo que es la vida, donde terminas ostiándote contra todo sin más protección que un ridículo vestido de foam. Sabes que acabarás colgando de un abismo, llena de cardenales y probablemente soportando un chaparrón de risas ajenas. Y todo eso con una chichonera atroz. Pero la adrenalina de intentarlo, incluso en ocasiones, de conseguirlo, termina empujándote de nuevo al reto. ¿Y si…?

¿Valiente? No creo. Seguro que tozuda (o “seguía”, en mi tierra). El miedo no va a poder conmigo, hace tiempo que lo decidí. El miedo paraliza y te hace perderte demasiado de esta vida que se cuenta por minutos que desaparecen para siempre. Que son son tres días y dos hace Levante, así que para qué malgastar el tiempo protegiéndote de vivencias que al final es que tienen también que llenarte -para bien o para mal-, tienen también que enriquecerte -para bien o para mal-, terminan siendo las que conforman tu vida, como una caótica colcha de patchwork. Y no hay nada de lo que no seas capaz con un paso, inspiración, barrida. Y lo que no llega, ni modo, que queda mucho por vivir y hacer.

¿Valiente? No creo. Puede que simple. Por ir despejando ecuaciones con demasiadas incógnitas. Es todo mucho más sencillo. Una sola x. Se quiere o no se quiere. Se está o no se está. Se apuesta o no se apuesta. Se quiere, se está, se apuesta. Porque no hacerlo es no vivir en preventivo, daños colaterales en forma de inacción, comodidad usurpadora de la esencia misma de esto que hacemos cada día. Se arriesga, se pierde, se sigue, se aprende. O no se pierde, y se sigue, y se aprende.

En ocasiones me quedo rumiando palabras. Veces en las que, ideas probablemente dichas sin más por el otro, se me hacen bola en la mente y tienen una digestión lenta, regurgitándome a veces cuando no debiera. Parte de estos post tienen que ver con eso, con ideas enconadas.

Así que no me digáis más valiente. Decidme suicida, simple, tozuda, osada. Porque no pensar de más no es recomendable, vale, pero sí es mi solución. Que de todo se sale, como algún día me tatuaré en el pecho. Porque no me conformo con menos. ¿A poco se puede estar “demasiado algo” alguna vez? ¿Demasiado a gusto? ¿Demasiado feliz? Me rebelo, oiga. Porque mirar atrás encadena. Tanto como mirar demasiado al horizonte, que da vértigo.

Así que no me digáis valiente. Tal vez sólo sea libre -practicante y ejerciente-. Por no querer arrepentirme sólo de lo que no he llegado a hacer. Porque la vida hay que bebérsela sorbo a sorbo, como el tequila. Reposado. Pero bebérsela. Y saborearla. Aunque a veces amargue.

A propósito de un caso en A propósito de un caso

Va a ser que no

Va a ser que no

Ha sido pudor. Tanto que he tardado casi medio año en ponerlo por aquí. Porque me veía yo muy pequeña para ese “blogueros andaluces”, qué queréis que os diga; que yo sólo tengo un huequito -en alguna de esas nubes- donde de vez en cuando despejo mis pensamientos o comento (cada vez menos, eso si) cosas que me han pasado, en lo profesional. Alguna que otra personal e historias que veo a mi alrededor y vive siempre una amiga.

Más pudor: Porque no me reconozco en esa voz de pito, porque repito muchos comodines léxicos, porque lo habría cambiado todo y habría expuesto de otra manera. Porque lo del autobombo lo llevo fatal, que todo hay que decirlo.

Pero hoy me he decidido a traerlo por aquí, a dejarlo en su sitio, en su casa, porque no tiene más sentido de estar que en este rinconcito. Podría ser incluso una buena introducción, si no fuera porque me muero de vergüenza.

De cómo nació el blog, de las fuentes en las que bebí, de como ha ido e(o in)volucionando, (qué sabe nadie); del futuro que le espera (si ni yo mismo muchas veces sé qué quiero); de cómo veo las redes y demás. Con la Catedral de Cádiz de fondo.

Gracias a EnRed de Canal Sur por pensar que tenía algo que aportar en su sección o que este humilde blog merecía una difusión de este tipo

Ya, ni modo

Grafiti en Cuba

Grafiti en Cuba

“Hace tiempo que decidí no guardarme las cosas. La libertad también es ser dueña de tus palabras y servirlas cuando quieras: en frío o en caliente. 

Me quedé con una sensación muy rara desde el otro día.  Y no paro de repetirme “no era eso, no. No contigo, contigo, no”. Un desquite puede llegar a ser esa noche de prisas (en la mayoría de las ocasiones lo es). Pero contigo no debió serlo. Qué puedo decir: me pudieron las ganas, la carestía, el tequila, ese momento tantas veces descartado. Me vine arriba, como la secretaria de Correa. Me faltó más tiempo, más piel y más nosotros. La cagué. Ya ni modo. 

Pero (sin significar más que lo que aporta la literalidad, sin buscar entrelíneas ni aristas) quería que supieras que no era eso, no. No contigo, contigo, no. Un desquite contigo debió ser otra cosa que no me hiciera tener esta sensación. 

Pero ya, ni modo “

Había perdido la cuenta de las re-lecturas de esas 150 palabras. Le pegó una calada lenta al cigarro y levantó la mirada del celular. No enfocaba a ningún sitio, se debatía entre la libertad como ella la entendía, la de ser franca e ir de frente, y los convencionalismos que obligan a tanta voz tragada. Expulsó el humo, jugueteó con los dedos alrededor de ese “enviar” con el vértigo, minúsculo pero vértigo, de que pudiera terminar escapándose por azar. Al final, la libertad también es no decir nada para ser más libre aún. Se guardó el celular. Y arrinconó con ello el mensaje que inauguraba la sección “borradores que probablemente nunca verían la luz”.

Luis Alfredo, cuídate la diabetes

Oxímoron

Oxímoron

Don Pedro es diabético. En cada capítulo, el “doctorsito” Nacho le da recomendaciones de cómo tiene que cuidarse su diabetes, de la importancia de perder peso, de la alimentación ordenada, de regularse la presión.

Piedad se detecta un bulto en el pecho (min 24) y durante dos capítulos (min 4.40) se dan decenas de recomendaciones sobre la necesidad de palparse (min 14.22) e información básica sobre el cáncer de mama, así como la desmitificación del cáncer, incluso información institucional (min 16.05) sobre que lo cubre el Estado y todo el procedimiento.

Hay decenas de personajes en las telenovelas que son portadores de las enfermedades con mayor prevalencia en México. Porque estos formatos televisivos son las vías perfectas para hacer llegar a la población la información necesaria y básica para su cuidado de salud. Y es que, aunque cambien los formatos y las redes y el streaming estén llegando también a este fenómeno, las audiencias de las telenovelas se cuentan por millones de personas, en su mayoría mujeres, en su mayoría de bajo estrato social; a las que no se puede llegar con los mensajes que necesitan de prevención y promoción por las vías tradicionales.

Y en México hay varios problemas de salud acuciantes. Y la diabetes es probablemente el principal. Porque los hábitos alimentarios han cambiado y a una dieta con muchas harinas y grasas se suma un consumo desbordado de las bebidas azucaradas, y un mal control de la enfermedad. Hay muchas iniciativas gubernamentales, encaminadas a mejorar la alimentación y evitar el sedentarismo, y probablemente una de las más curiosas es que Reforma, la arteria principal de la ciudad, una avenida de 15 kilómetros que es todo un emblema, se cierra cada domingo al tráfico para que las familias tomen sus bicicletas y hagan ejercicio con toda la libertad.

Uno de los principios de la comunicación es que tiene que ser efectiva o si no, no es comunicación. Esto es: tiene que llegar los mensajes que queremos a las personas que queremos (target) y para ello, tenemos que hacer un esfuerzo por adaptarnos a su código (nivel educativo y de comprensión) y llegar por sus canales. Así que en un país con una mala red sanitaria pública, con un nivel de pobreza que alcanza límites dramáticos, donde la alimentación saludable es un privilegio y los tacos se venden de tres en tres (con sus harinas y sus grasas) a un precio asequible, ¿cómo le hacemos para llegar a las personas a las que tenemos que llegar? Que ya sabemos que en esto de la salud, la cosa va por barrios.

Así que igual no es ortodoxa pero tal vez (no he encontrado nada) sí es efectiva ¿Qué os parece esta vía? En España no está muy explorado lo de hablar de prevención en la ficción pero también se han dado casos. ¿Recordáis alguno?

Anatomía de un instante

Foto 24-3-15 10 58 19Bajaban atropellados, entre pitos de los coches que se iban formando cola justo atrás. Hacían recuentos de plumas -enormes plumas- y tambores -de todos los tamaños-, con toda la prisa de una mañana de sábado, con todo el entusiasmo de su juventud. Y no era una cofradía del Mardi Gras, ni aquello era Nueva Orleans. Pero era a lo que más se asemejaban esos cincuenta chavales que portaban grandes plumas y tambores bloqueando el tráfico.

Entre calabacines y legumbres, una gaita tapaba el bullicio y atenuaba las ventas del mercadillo ecológico. Sus notas tenían algo de rústico que casaban bien con los puestos y la mercancía, con la vida que conlleva comerciar cuando se hace con los preceptos de siempre, ofreciendo lo mejor de cada tierra. Al final era todo primario: los trámites y la música, y el deleite de compartir a la vez las dos experiencias, que resultaron ser complementarias sin proponerlo.

Un viejo rolls pasaba por donde apenas un segundo antes un autobús bloqueaba la circulación. Dentro viajaban todas las ilusiones, igual caducas, igual con fecha de caducidad, que visten de tul y se acompañan de flores. Quien sabe qué piense ahora esa novia, o el conductor que ha llevado ya cien veces a otras tantas novias y a otras tantas ilusiones. Para él no es más que rutina, para ella era lo extraordinario, ese momento que ha soñado tantas veces, desde niña, si es que alguna vez fue una de esas niñas que alimentaban su imaginación proyectando ese momento en que llega al altar. Quien sabe.

Y mientras removía el azúcar en el café, aún con sueño, la chica de los rizos pelirrojos que desplegará más tarde el periódico fija la mirada en la nada. La realidad de las noticias que esperan a salir del papel que hay en su mano contrasta con la de su cabeza. Ésa es otra. Sus pensamientos desmenuzan los mecanismos del deseo y cómo éste enfoca y desenfoca personas en tu vida de una manera tan irracional y hasta caprichosa. Y lo hilvana -las cosas de los pensamientos- con esos paréntesis que se abren y se cierran en tu vida sin tiempo a que quepan siquiera ni unos puntos suspensivos.

Cualquier cineasta habría seguido estas historias, que terminarían o no entrelazándose y dando lugar a desenlaces soprendentes donde la protagonista es más la serendipia que las historias en si. Las casualidades terminarían haciendo confluir las vidas, manejadas desde algún sitio con un hilo invisible. Cualquier escritor habría imaginado qué ocurrió a partir de ese punto, qué vidas más o menos novelables, más o menos narrables, se esconden tras cada uno de ellos. O no. Igual la historia es sólo esto: la magia que alberga la vida. Toda la vida que puede albergar un solo instante de una mañana de sábado. Y un periodista igual solo aspiraría a contar esa vida, en ese momento. Sin más. Ni menos