Ese olor

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Liturgia de verano (de mi IG)

Ese olor. Ese perfume de las tardes de verano en las que una niña con coletas rubias se asomaba sobre una encimera de formica -que imitaba malamente al granito- para ver cómo, al calor fuerte de una carmela, iban cambiando de color hasta casi mudar la piel.

Siempre la misma liturgia, la que seguía su madre, que entonces lucía un lunar en la frente -que se llevó una cirugía- y un roete prieto -que ha claudicado por la naturaleza rizada de su pelo-, y que ahora imita ella de manera innata: un plástico y un paño cubren aquellos recuperados de la plancha con dedos rápidos, para que suden y se desprendan de la piel con mayor facilidad. Y las manos metidas en faena, y el trámite de eliminar todo, de partirlos, de aliñarlos.

Ese olor. Ese olor que siempre estará compuesto de gotas de verano, con toques de nostalgia, con tintes de hogar y la sonrisa de una madre que le enseña cómo hacerlo bien.

Ese olor que es capaz de transportarle a cuando apenas ganaba un palmo a la encimera y las coletas doradas animaban su cara, siempre curiosa.

“Esto siempre me recuerda a ti, mamá”, escribió en whatsapp acompañando una foto con tiras rojas en proceso de aliño.

Ese olor es el verdadero olor de la casa, de la memoria, de la familia. Tan sencillo, tan cotidiano, tan de verdad, que tiene que plegar recuerdos y enjugar las lagrimas ante tanta evocación. La de ese olor.

Ese punto

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Ese punto (recogida de El Silencio, de mi IG)

A veces me lo imaginaba como una isla huérfana de archipiélago, un accidente geográfico que no debía estar ahí; como un adorno ectópico que quedó desperdigado del cajón de las cosas de ornato, que tan bien encajaron y conformaron tu cara. Y me sonreía para dentro.

Me fascinaba. Tiene algo de un punto suspendido en un abismo al que se resiste a caer. Del inicio del grafiti que nunca llegó a más que la mera intención plasmada en un instante.

Me gustaba besarte justo ahí, besarte ese lugar imposible, ese lunar que asoma como un finisterre sin faro porque es el punto en el que para mí eras más tu.

Requiem

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Mi compañera de mesilla (Foto de mi IG)

Dudaba. No sabía muy bien qué hacer con aquello. Se veía venir su final, los achaques del paso del tiempo ya estaban haciendo mella, también físicamente. Nada de aquellos inicios lustrosos, de aquella potencia que le hizo elegirla. A modo de eutanasia, sin premeditar, la desconectó de toda alimentación (también la de la triple A) y se mantuvo un rato mirándola. No podía abandonarla, sin más; no podía acabar en la basura, ni siquiera en la parte correspondiente del punto limpio.

Debería haber un sitio donde depositar tantas horas de compañía, de información, de risas, de magia. Debería haber un depósito en el que quedaran las charlas entre susurros que llegaban en noches de desvelo, la adrenalina de las últimas noticias, incluso de las pésimas; las narraciones deportivas -que no le permeaban- y las voces que le había acompañado durante tanto tiempo, casi cada minuto, formando parte de sus ruidos certeros, esos que le dan cercanía, esos que le dan fiabilidad.

Aquella vieja radio no metabolizaría más ondas ertzianas, ni, por ende,  más actualidad, ni más análisis, ni más música, ni mas goles; pero le había sido fiel transmisora durante tantos años… atravesando cortinas de la ducha, sueños REM, ruidos de aspiradores y de sofritos haciéndose a fuego lento. Cambiaron las cortinas de ducha, las camas, los baños, los códigos postales, pero las voces que acercaba ese viejo cacharro se mantuvieron en el tiempo y en la distancia.

Dudaba. No sabía qué podía hacer con aquella radio pero seguro que no podía tirarla a la basura, ni al hueco del punto limpio al que quiera que vaya. ¿Dónde van los transistores que mueren, las charlas que callan, las ondas que no son interceptadas, ni deglutidas, ni servidas? ¿Dónde puede acabar la banda sonora hablada que ya no es?

Primero y último

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Silla de confidente en Mérida (México) de mi IG

Fue el primer beso que le dio sabiendo que le quería. Antes vinieron otros muchos pero ninguno tenía ese sabor de la certeza y, si acaso, estaban salpimentados con deseo, ansias, ilusión y ganas.

Éste daba diana en la papila del amor, si es que hay alguna especializada en esa detección -y que complemente las que alertan sobre el dulce, el salado, el ácido y el amargo-; o si acaso se trató de una activación simultánea de todas a la vez, como una traca inabarcable, como si el amor no fuera más que una mezcla más o menos homogénea de todo lo que se puede degustar. Hay veces en que gana lo amargo.

Pausado, detenido, dulce. Un beso que removió todo su cuerpo, ya removido entre sábanas deshechas; que llegó a sus entrañas y regresó a su mente, mientras intentaba mandar órdenes de recolocación inmediata.

“Me ha alegrado verte”, acertó a decir.

Fue el primer beso que le dio sabiendo que le quería. Y que sería justamente el último.

El caso del universo minúsculo

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Uno de cada cuatro sombreros es una montera (foto de mi iG)

Un medio escrito publica un “estudio” anónimo remitido por profesionales del propio hospital donde se cuestiona la labor de un servicio y pone el foco en la trayectoria del nuevo director de la Unidad de Gestión Clínica.

Valga este “a propósito de un caso” para exponer la realidad con la que nos encontramos en ocasiones en los gabinetes de comunicación, que tenemos que dar respuesta e intentar desmontar algunas informaciones que tienen por un lado todo el atractivo para el periodista del medio de estar delante de un “pelotazo mediático”; y por otro la dificultad de que se enmarcan en lo que podría denominarse medias verdades, que son las más difíciles de clarificar porque no conllevan un no rotundo sino toda una batería de datos, estadísticas y matizaciones que no están al alcance de los no especializados y pueden sonar a humo.

Como ya estoy fuera de esto y no me va nada, voy a comentar con libertad lo que pensé y lo que consulté tal y como leí la noticia (si, una es friki y mira datos a pesar de que no le va nada en esto):

  • Se señala expresamente la llegada de un nuevo director de la Unidad de Gestión Clínica de Cirugía como el detonante de todos los males. Y los denunciantes, anónimos, son de la Unidad de Anestesia. Además, se abunda que son los nuevos procedimientos implementados por éste los que han generado todo lo que se denuncia. Así, sin leer mucho más, ya me suena raro y me da que pensar. Llamadme desconfiada. Quizás una variable a tener en cuenta por la redactora que lo firma podría haber sido que todos todos los sistemas generan resistencia a los cambios, sobre todo si van tendentes a mejorar la eficiencia. Yo habría preguntado al Gabinete de Prensa en primer lugar, y antes de seguir con la pieza, en qué han consistido los cambios implementados en el servicio y de qué manera han afectado al trabajo de los compañeros de Anestesia. Que no estoy diciendo que detrás haya una vocación tan espuria, que igual les mueve sacar a la luz un escándalo mayúsculo, como hacen ver; pero no está de más completar información por este lado, por lo que pudiera pasar. Y porque da la nariz.
  • Unos profesionales de anestesia se ponen a estudiar historias clínicas con fines distintos a su práctica clínica. Otro de los elementos de la noticia que me deja epatada. No sé si es legal (lo preguntaría), si es ético (lo preguntaría). Y como paciente, me pregunto: cuántas personas de las que tienen acceso a mi historia clínica digital y completísima gracias a Diraya (con sus analíticas, sus imágenes radiodiagnósticas, sus episodios de urgencia, de primaria, todo juntito) lo hacen para algo que no sea mejorar su atención para con mi persona. No estoy diciendo que esto invalide totalmente la información que se traslada desde este informe casero pero sí que me da que pensar. Y creo que a la periodista que lo firma también debería haberle ocurrido algo similar.
  • Estudian unos 200 casos repartidos en los años 2013, 2014 y 2015. Y dan datos con una validez estadística mínima (en alguna afirmación se dice que uno de cada dos tienen sepsis cuando se ha abarcado sólo a 33 pacientes). No habla de la complejidad de éstos (entiendo por las complicaciones que se han ido a las 173 “cojointervenciones”), sobre todo cuando se aducen tasas de mortalidad tan altas. Los índices de complejidad de las intervenciones están también perfectamente establecidas y es un dato que, cuanto menos, tendría que haber preguntado a sus fuentes.
  • Cuando veo estos datos, además de cuestionar la validez estadística de este informe, me pregunto ¿cuántas intervenciones se hacen cada año en el Hospital Puerta del Mar? Me voy a la web y, aunque la última memoria está un poco antigua (2011) –por cierto, deberían mantener la sana costumbre de publicar estadísticas– veo que la media de los últimos años estaban en unas 20.000. Si son 3 años, entiendo que estamos hablando, chispa más o menos, de unas 60.000 y los datos del informe anónimo hablan de 173 casos. Como poco, es endeble.
  • Se mide las complicaciones en porcentajes comparados con los casos estudiados  de tal manera que si muere 9 de los 24 que estudian, dicen que la mortalidad es de 1 de cada 3. Todas las estadísticas de morbimortalidad se hacen sobre el total de intervenciones, con lo que la periodista que ha firmado la noticia tendría que haber puesto en relación ésta con los datos globales de actividad. Y de paso, haber comprobado cómo estaban los resultados con las estadísticas nacionales, que están aquí. La media de reingresos en Andalucía (un indicador de complicación en el proceso) está en 7,28%  del total de intervenciones. No sé cómo está el Puerta del Mar
  • Podría seguir hablando de cómo se hace la codificación por parte de documentalistas que no veo yo cambiando casillas, por no hablar de que se trate de un informe anónimmo.

Con estas mimbres resulta tremendamente complejo intentar desactivar noticias de este tipo o, al menos, intentar dar visos de mayor rigor. Que no digo en ningún momento que sean falsas las conclusiones del informe, que probablemente sean verdad en ese minúsculo universo, pero sí puedo asegurar tras leer la noticia que no está abarcada en toda su complejidad.

Lo que hizo el gabinete de prensa fue posibilitar que la periodista hablara con el gerente, con la directora médica y los directores de las Unidades de Gestión Clínicas implicadas, sin que ninguno de los argumentos permeara en su realidad; y también dio esta nota de prensa. Muchas veces, no se puede hacer más porque explicar todo esto es un desgaste para quien sólo ve los titulares.

Lo que une

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Pájaros en una playa de Holbox (TC)

Lo que une no es una café a media mañana o llevarme las bolsas del supermercado. Lo que une no es amanecer sin prisas ni programar un fin de semana fuera. Anda ya. Tu teoría hace aguas por todos lados porque nada de lo que incluyes en ese catálogo de acciones por evitar acrecienta más estos lazos, los mismos que te estorban, los mismos que te aprestas a desligar.

Lo que une es que me transmitas tu ternura infinita preparando un regalo a tu princesa. Lo que une son las cervezas a porta gayola y los gazpachos esperando el regreso de un duro día. Lo que une son las risas, el Pali, la copla a voz en grito, las caóticas listas del spotify, los silbidos si hay problemas, la colección de piernas sesteantes, ésa que ya ha desaparecido.

No une lo convencional, lo que tú crees que conforma pareja, cualquier pareja, todas las parejas. Eso es lo de todos y puede llegar a ser monotonía y termina por desunir. Une la amistad, siempre: la manera excepcional o peculiar o de cada uno de ver la realidad juntos, aunque sea a cachos, aunque no sea siempre, o -gracias a Dios-, porque no siempre es siempre. Une las cosas que nos hacen sonreír y nos las contamos, las que duelen y nos la contamos, los entresijos por los que nos hacernos partícipe el uno de las cosas del otro, también de los demonios. Une lo que somos juntos el tiempo en que decidamos juntarnos para lo que quiera que decidamos juntarnos. Y el sexo si es con piel. Y los besos en la espalda. Y las apoplejías con las conversaciones sobre lo que une.

Ni siquiera une ir cogidos de la mano. Ni los cepillos de dientes, que duran un segundo en estar en el cubo de la basura. Ni “mis” gafas sobre el escritorio. Te has empeñado en huir de lo que une bajo una premisa errónea, porque mientras fintabas lo que no significa nada se fueron tejiendo otras redes; pero es que ¿sabes? ésas son inevitables, por muchas barreras que se pongan. La buena noticia es que se han deshecho ya.

Porque frente a todo eso que une, o que unía, hay más cosas que desunen, o que han desunido: esa agonía de evitar lo que une, esa alerta constante que te hace vivir como en un campo de minas, ese bloqueo que impide sola, simplemente estar. Desune no creer, no querer, no vivir, no apostar, no valorar la generosidad de estar ahí -apostando, viviendo, creyendo-. Desune sentir que todo eso no te merece la pena.

Exit

jacas

Cuando las jacas. (De mi instagram)

Ha habido un referéndum.

Unipersonal.

Con un sí que es un no

Leave. Un exit

que no estaba en las encuestas

imprevisto

decepcionante.

El pueblo ha decidido

da igual por qué margen ajustado.

Y a este lado, los jefes de estado

de las tripas, del coco, del corazón,

se han reunido de urgencia

y han concluido “po vale”.

Y no hay tertulias que analicen los por qué

ni artículos a los que invocar para la disolución

ni siquiera mecanismos para el cómo.

No hay respuesta al “y ahora qué”

porque no se puede disolver lo que no existía

ni siquiera la promesa de lo que pudo ser.

Ha habido un referéndum.

Unipersonal.

Y google, esta vez, no ha alertado de búsquedas masivas

a destiempo

“¿qué es una relación?”

“¿es esto una relación? ¿acaso?”.

El pueblo ha decidido

Y el pueblo es sabio, libre

Un sí que es un no

Pudiera haber sido remain

Pero ha salido leave.

Y no importa por qué margen ajustado.

Exit